Una Extraña Manera de Amar

Estaba Louis en su taller, dando inicio a la última pieza que necesitaba para su primera exposición, muy concentrado, con el ligero aroma a avellanas tostadas envolviendo el lugar suavemente. No le gustaba ser interrumpido y eso lo sabía su alfa, Logan, ya que su trabajo era muy detallado y necesitaba toda la concentración posible. Sin embargo, el omega era constantemente molestado.
—¡Louis! —Llamó Logan desde el primer piso del departamento que compartían.
Louis suspiró y dejó de lado las gubias que estaba utilizando.
—¿Qué pasa tan urgente, alfa? —Preguntó bajando las escaleras.
—Tengo hambre y no está la cena lista.
—Tu cena está en el horno. Solo era cosa de calentarla y ya.
—Pero es tu obligación atenderme, Louis.
—Lo sé, pero te dije en la mañana que iba a estar ocupado. Estoy empezando mi última pieza y necesito estar concentrado.
—Te he dicho varias veces que no me importa lo que hagas, tienes que estar disponible para mí, para eso soy tu alfa.
—Lo siento, tienes razón. Siéntate, te sirvo ahora...
—Así está mejor.
Louis calentó la comida, y la llevó hasta la pequeña mesa en el comedor. Preparó rápidamente una ensalada y un vaso de cerveza.
—Espero que te guste, alfa.
—No está mal, —dijo después del primer bocado. —Siéntate, acompáñame.
—Pero alfa...
—Que te sientes. Deja de estar tan mañoso, Louis, después sigues con tu trabajo.
—Sí, así lo haré.
—En un mes Chris se casa, y le vamos a hacer una despedida de soltero entre alfas.
—Qué entretenido, ¿cuándo es?
—El jueves 26 en la noche.
Louis palideció. —Pero alfa, esa es la noche en que expongo en la galería...
—No me lo advertiste, —afirmó, sabiendo que mentía.
—Te lo he repetido cerca de cien veces, fuiste el primero en saberlo, sabes lo que me costó encontrar un lugar que quisiera exponer mis grabados porque soy un principiante para ellos, y celebramos esa noche... Están todos los calendarios con esa fecha marcada, incluso en tu celular...
—Bueno, pero Louis, vas a exponer otras veces, en cambio Chris no volverá a casarse, tienes que entender.
—Logan, es muy importante para mí que estés conmigo esa noche, —rebatió con tristeza.
—No te pongas como un omega debilucho, Louis, sabes que no me gusta.
—Pero alfa, yo...
—Nada, ya me arruinaste la cena. —Tiro los cubiertos sobre el plato, se levantó y se fue a la habitación.
Louis dejó salir sus lágrimas en silencio, mientras agachaba la cabeza. No era la primera vez, ni la número diez que tenía ese tipo de “diferencias” con su alfa, y estaba agotado de tanto entender. Pero es lo que tenía que hacer, era un omega que había encontrado a su destinado y su deber era quedarse a su lado, ser un buen compañero, el mejor del mundo, y eso intentaba cada día, pero Logan no se lo ponía fácil. Era muy llevado de sus ideas y nunca aceptaba que se equivocaba. Le gustaba liberar su aroma apenas llegaba al departamento, y Louis sentía que podía morir del desagrado. Logan olía a caléndulas, una flor hermosa y cuyo aroma era delicado cuando no se dejaba salir en exceso, pero el alfa a propósito apestaba el lugar, inundando con un olor extremadamente picante que hacía doler los ojos y se sentía en la garganta. No se llevaba para nada bien con el de las avellanas, pero eso, le habían dicho a Louis, solo hacía más única su relación. Lo normal era que los aromas de las parejas, juntas, se potenciara, pero no era el caso.
Louis se levantó de la mesa, y se dedicó a lavar los platos sucios. Luego de eso se sentó a ver un poco de televisión, ya no tenía inspiración para trabajar. A las diez de la noche subió y encontró a Logan jugando en su celular. En silencio buscó su pijama y se fue al baño para darse una pequeña ducha. Salió ya vestido y se acostó. Estaba despierto desde las cinco de la mañana, porque sus manos picaban por ir a su taller, y eso había hecho desde esa hora, parando solo para cocinar y comer un poco, por lo que de inmediato su cuerpo se relajó y empezó a cabecear. Estaba quedándose dormido, cuando sintió a Logan acercarse.
—No te enojes, ¿sí? Entiéndeme... —pidió acariciando el estómago de Louis por debajo del pijama. —Tengo una idea, voy un ratito a tu exposición y luego me voy con los chicos, ¿qué dices?
—¿En serio lo harías? —Preguntó feliz.
—Sí... Ahora ven acá...
Logan comenzó a besar a Louis con ganas, y luego de un minuto ya estaba entrando en él, para disgusto del omega, que apenas alcanzaba a lubricar en ese tiempo tan corto. No es que siempre el sexo fuera así, pero el alfa a veces tenía esos episodios de urgencia en que solo quería descargarse rápidamente. Louis lo entendía, claro que sí, aunque él no tuviera tiempo de buscar su propio placer, estaba bien, no siempre podía ser perfecto o como de películas, ¿verdad?
Pronto Logan estaba durmiendo, abrazado a Louis, y el omega era el más feliz de sentir a su alfa siendo posesivo con él. Amaba esos detalles, lo hacían enamorarse un poco más.
Temprano despertó Louis esa fría mañana de otoño, cerca de las seis. Con un poco de dificultad, se levantó y fue a adelantar el desayuno para Logan, aunque al alfa le quedaba una hora más de sueño, le gustaba bajar y que estuviera todo listo. El omega aprovechó de sacudir un poco, ordenar y revisar sus materiales para trabajar más tarde, también hizo una lista con lo que faltaba en la despensa. Cerca de las siete preparó huevos revueltos y hotcakes con sirope, café y rebanadas de pan. También un poco de fruta y jugo de naranjas naturales. Subió las escaleras para despertar a Logan y lo hizo dejando pequeños besos en su rostro. Pero el alfa no estaba de buen humor.
—Ya basta Louis, que desagradable que no me dejes dormir.
—Pero ya tienes que levantarte, alfa, —dijo con tristeza.
—¿Ya está listo el desayuno?
—Sí, como a ti te gusta.
—Me voy a bañar y bajo. Ojalá hayas preparado algo de tocino, estoy antojado.
—No lo hice, pero no me demoro en tenerlo listo para ti.
—Bueno, búscame la ropa, por favor. Hoy quiero usar mis jeans favoritos y mi sudadera gris.
—Sí, alfa. Anda tranquilo.
Louis buscó la ropa, también un bóxer y calcetines. Dejo a mano las zapatillas y bajó a preparar el tocino. Cuando Logan bajó, estaba ya todo preparado.
—Huele bien, sírveme café y ponle tres de azúcar, —pidió mientras masticaba con ganas.
Louis atendió cada requerimiento de su alfa, y él comió lo que pudo entre tanta petición, porque Logan ni siquiera partía el pan.
El alfa se comió casi todo el desayuno, no importándole que fuera para dos. Louis podía prepararse algo más, después.
—Me voy, voy a venir a almorzar a la una porque en la tarde nos va a llegar un Ferrari y tenemos que estar toda la tarde revisándolo.
—No te preocupes, alfa, ¿quieres algo especial de almuerzo?
—No, solo algo que sea liviano, no puedo trabajar con el estómago pesado. Dame un beso.
Louis se acercó hasta rodear el cuello de Logan con sus brazos, y lo besó profundamente. El alfa lo tocó con deseo desde su espalda hacia abajo, apretando todo a su paso.
—Nos vemos más tarde.
—Ten una buena mañana, alfa. Te amo.
—Y yo a ti, Louis.
Logan salió y Louis de inmediato se puso a limpiar. Después puso una alarma hasta las doce, para trabajar sin preocupaciones, y a esa hora poder empezar con el almuerzo.
Subió a su taller, y en completo silencio empezó, ahora sí, su última pieza de un total de 25. Eran grabados utilizando diferentes técnicas, ya que las manejaba a la perfección. Esa última pieza sería usando xilografía al hilo, con una matriz de madera. Primero tenía que tallarla y luego hacer el estampado rellenando los huecos. Amaba su trabajo, aunque no había tenido suerte con él. Era muy difícil encontrar apoyo financiero si eras un artista principiante sin contactos ni redes.
En el caso de Louis, se financiaba su arte gracias a una mensualidad muy generosa que recibía de parte de su abuela que vivía en Bélgica. Era la única que lo apoyaba. Los padres de Louis eran abogados; su hermano mayor, médico y el menor ingeniero. Ninguno de ellos veía el arte como algo serio, y ni siquiera habían aceptado la invitación que les hizo Louis para ir a verlo ese día tan especial en su vida. Por eso amaba a su abuela, pero tampoco podía contar con ella, porque la señora adoraba a Louis, pero detestaba a Logan. Lo encontraba poco para su nieto, además de básico y poco amoroso. Sabía que su Louis era un omega sensible y necesitaba un alfa fuerte que lo mimara con devoción, que lo hiciera lo más importante de su vida, y ese, no era Logan.
Louis la entendía, pero también era consciente de que las relaciones eran algo difícil y de todos los días. Sabía de primera fuente que había días muy buenos, en que la comunicación fluía sin dificultades, que terminaban en noches apasionadas y llenas de detalles, y otras en que aparecían las malas palabras, los silencios, las malas caras, y estaban la mayoría de los días que tenían un poco de las dos cosas. Así era su vida con Logan y a eso se había acostumbrado y era natural que pensara que eran todas las relaciones así. Además de que los omegas estaban para servir a sus alfas y cuidar sus hogares, y eso a él no le molestaba.
Apenas llevaba un cuarto de su trabajo cuando sonó la alarma. Dejo todo de lado, y bajó al primer piso. Tomó su billetera y salió al supermercado que por suerte estaba a dos cuadras, y rápidamente hizo una pequeña compra. Luego llegó de cabeza a preparar un poco de pasta con pollo y verduras. Lo terminó justo cuando llegaba Logan a almorzar.
—Hola alfa, ¿cómo estuvo tu mañana?
—Con mucho trabajo, el Ferrari llegó antes de lo previsto y lo necesitan para las tres. Como rápido y me voy.
—Siéntate, ya te sirvo.
Logan comió con ganas y sin reclamar. Después lavó sus dientes y se fue sin dejar un beso en los labios de Louis, que suspiró con tristeza. Extrañaba a su alfa, pero sabía que no todo el tiempo tenía tanto trabajo y debía aprovechar. Logan era mecánico de autos de lujo, compartía el taller con tres socios y les iba bastante bien.
Louis limpió lo poco que se había ensuciado y tomó una manzana mientras revisaba su celular. Se la comió despacio, era su único almuerzo, porque a su alfa no le gustaba que subiera de peso, y estaba bien, tenía que cuidarse y lo hacía con todo el amor del mundo.
Volvió a su taller, y trabajó durante toda la tarde, completando así, la mitad de su trabajo. A eso de las siete bajó a revisar la cena. Le había quedado pollo y preparó pasta fresca, puso a enfriar las cervezas y por si acaso había comprado un pastel de chocolate para su alfa, por si estaba antojado.
Se dedicó a ver televisión mientras esperaba a Logan. Pero el alfa no llegó hasta las diez de la noche, y lo encontró dormido en el sofá.
—Louis, despierta, tengo hambre.
—¿Ah? —Preguntó Louis intentando despertar.
—¿No me escuchaste? Tengo hambre, sírveme.
—Voy, —dijo levantándose.
Calentó la cena y la puso en la mesa, junto a la cerveza y los cubiertos. Aliñó la ensalada y aprovechó de comer un poco junto a su alfa.
—Llegaste tarde...
—¿Es una queja?
—No, alfa, cómo dices eso. Estaba preocupado, nada más.
—Llegó un BMW a las siete de la tarde y tuvimos que quedarnos.
—Eso es bueno, han tenido mucho trabajo porque son reconocidos en su área. Estoy muy orgulloso de ti, alfa.
—Nos falta un poco, pero llegaremos a ser los número uno en arreglo de automóviles de lujo, te lo aseguro.
—Así será, y yo estaré contigo para verte triunfar. Te amo.
—Y yo a ti. Tengo ganas de algo dulce, ¿hay galletas?
—Hay galletas, pero también te compré tu pastel favorito, el de chocolate.
—Llévame a la cama, estoy muerto.
—Sí, alfa. Voy detrás de ti.
Esa noche, y como Logan estaba de muy buen humor, el sexo fue excelente, haciendo que Louis se sintiera amado y deseado. Durmieron muy bien.
Así era la rutina de Louis, todos los días consistía en trabajar y en dedicarse a su hogar y a su amado alfa. El día antes de su exposición revisó por última vez sus grabados. Corrigió algunos detalles y luego los envolvió con sumo cuidado para trasladarlos a la galería ese mismo día. Tuvo que pedir un uber, ya que Logan no podía llevarlo y Louis no podía manejar si no andaba con su alfa, porque no le gustaba que el omega tuviera esos momentos de independencia, como decía.
Por suerte el chico de la aplicación fue muy amable y le ayudó a llevar las 25 piezas y también a bajarlas y dejarlas a la entrada de la galería. Había hecho unos bonitos folletos, invitando a ver su exposición y estaba muy ilusionado con que todo saldría bien y esperaba vender al menos una pieza. Le había costado días y semanas de caminar, de hacer llamadas, de enviar mails a diferentes lugares donde podría exponer, pero cada vez que decía que era su primera exposición, las negativas le llovían. Nadie quería arriesgarse con “manchar” su reputación de galería de arte, con una exhibición que seguramente sería un fracaso. Nadie perdía su tiempo viendo arte nuevo, no era necesario, para eso estaban los mismos exponentes de siempre.
Pero Louis confiaba en su trabajo, sabía que era bueno y excelente. Además, el arte del grabado clásico contaba con muy pocos exponentes, ya que eran técnicas antiguas que casi nadie utilizaba. Se habían cambiado por materiales más modernos y fáciles de utilizar. El omega le rogó a su familia que lo acompañaran, pero no cambiaron de opinión, y entonces, le rogó a Dios que todo saliera bien.
El día tan importante llegó, y Louis tuvo un retraso ya que Logan necesitaba que le dejara servida la cena. Lo hizo corriendo y salió apurado a la galería. Llegó una hora antes de la apertura, y revisó una y otra vez las luces, el orden de las piezas, el pequeño cóctel que había preparado para la ocasión y sus tarjetas de presentación que había hecho el mismo a mano, una por una, hasta completar cien.
Cuando llegó al hora de la apertura, no había una persona en las calles. La noche estaba cerrada y fría, pero Louis esperó con esperanza y alegría. Estaba presentando su primera exposición, y nada podría desanimarlo.
A las once de la noche dio todo por terminado. Ni siquiera Logan llegó, ni un alma entró en ese lugar, y mientras abundantes lágrimas corrían por sus mejillas, comenzó a descolgar sus obras. Una a una se fueron amontonando en silencio. Sus obras tan maravillosas, a las que le dedicó un pedacito de su vida y mucho esfuerzo.
Botó el cóctel a la basura y cerró. Pidió un auto de aplicación, y no tuvo tanta suerte como antes, y debió cargar y descargar todo, solo. Una vez más, solo. Se demoró casi media hora en subir y bajar con sus tesoros para dejarlos bien puestos en las paredes de su taller, desde donde lo miraban con lástima.
Sin cambiarse de ropa se tiró a su cama, y con su cabeza enterrada en la almohada lloró. Lloró de pena, lloró de frustración, de dolor y soledad. Lloró su vida, sus decisiones y su realidad. Su día a día, su pasado y su futuro.
Como un flash aparecieron tantos recuerdos y momentos por su cabeza, hiriéndolo aún más.
Tenía 20 cuando conoció a Logan gracias a un amigo en común. En esa época, Louis tenía muchos amigos y amigas, salían a todos lados, a comer, al cine, a conciertos, solo a conversar junto a un helado. Apenas tenía tiempo entre tantas cosas que hacía, además de estudiar su carrera de arte, y recordaba muy bien lo feliz que era, todo lo que reía y sonreía, y conocer a Logan fue aumentar su felicidad. Seis meses estuvo el alfa intentando una cita con Louis, hasta que lo logró y lo enamoró con sus detalles. Aunque siempre fue un poco frío y con esta idea tan retrógrada de las castas, hizo el intento por conquistarlo. Tres meses después de su primera cita, se hicieron novios, y un año después se fueron a vivir juntos.
Louis soñaba con casarse, con una gran ceremonia llena de invitados, muy alegre, rodeado de todos a quienes amaba. Pero Logan no quería hacerlo, solo quería marcarlo y ya. Nunca entendió su negativa, pero bueno, no podía obligarlo y estaba bien con eso. La primera noche viviendo juntos, Logan lo había mordido, y su marca desapareció con los días, enfureciendo al alfa y apenando a Louis. Habían ido al médico para saber por qué pasaba eso, y el médico que los atendió, les dijo que era más común de lo que se pensaba y que siguieran intentándolo hasta que se formara la cicatriz, un poco a la fuerza.
Cada noche que estuvieron juntos, Logan lo mordió hasta que se aburrió. Simplemente la culpa era de Louis por ser un omega con una piel bastante mala que no toleraba la perfección de la mordida de su alfa. Y Louis lo entendió así también. Fue de las primeras veces en que se sintió menos, porque su alfa era perfecto. Le había costado enamorarse, pero finalmente lo hizo con cada fibra de su ser.
No se dio cuenta de cuándo las cosas empezaron a cambiar, de cuándo sus amigos empezaron a alejarse, de cuándo su propia familia lo dejó de lado, dejándolo solo con su alfa. Pero no importaba, Louis se aferró a Logan, y se dedicó por completo a él.
Llevaban casi dos años viviendo juntos y esa noche, en medio de sus lágrimas, Louis supo y entendió que su vida era una mentira, que jamás debió aguantar muchas cosas, que se estaba marchitando con una vida que no le pertenecía. Tenía mucho dinero ahorrado, porque Logan jamás le dejó tocar una libra, solo para su taller y sus materiales, que obviamente el alfa no iba a financiar. Sabía que podía sonar extremista, pero él, Louis, siempre fue un omega decidido y con sus ideas muy claras. ¿Cuándo se había perdido? ¿Cuándo se dejó aplastar? Porque eso sí lo entendía muy bien. La culpa y la responsabilidad de su desgracia, era suya, no de Logan.
Se levantó de la cama y se dio una ducha larga. Lo más probable es que el alfa no llegara hasta la madrugada y lo agradecía.
Tomó su celular, y revisó la corta lista de sus contactos. Encontró el de un amigo al que siempre quiso como a un hermano y le marcó.
—¿Louis?
—Hola, Zayn...
—¿Estás bien? ¿Pasa algo?
—Yo... Sé que he estado muy distante, pero necesito que me hagas un favor gigante.
—¿No crees que ha pasado demasiado tiempo para pedir favores?
—Lo sé, pero te juro que no tengo a quien más recurrir.
—¿Tiene que ver con Logan? No quiero involucrarme en nada que tenga que ver con él.
—Voy a dejarlo, y no tengo dónde pasar la noche. Te juro que es solo por hoy, mañana buscaré un departamento para mudarme, pero no puedo quedarme aquí una noche más.
—¿Él está ahí?
—No, anda en una despedida de soltero...
—Está bien. Dame quince minutos para salir, y te voy a buscar.
—Gracias... Gracias Zayn...
En esos minutos que le quedaban. se dedicó a hacer sus maletas. En dos grandes logró meter su ropa y sus artículos de aseo, además de sus libros y algunos materiales de su taller. Las dejó en la puerta, y al lado fue poniendo, una vez más, sus 25 obras. En una maleta pequeña pudo guardar el resto de materiales. Agradecía que Logan le dejó usar el cuarto más pequeño para usarlo de taller, porque así no tenía espacio para llenarlo de basura, como decía el alfa. En su mochila se llevaba su portátil, sus cargadores, y su taza favorita que le regaló su abuela. También sus galletas con chips.
En el refrigerador dejó una nota para Logan:
“Me aburrí de vivir así, y no voy a cambiar de opinión. Por favor no me busques, quizás más adelante podamos hablar, pero por ahora necesito estar solo. Adiós”.
Zayn llegó en ese momento, y su aroma de alfa, a café de grano recién molido, fue una caricia para Louis.
Se miraron unos minutos, hasta que Zayn suspiró y abrió sus brazos. Louis prácticamente se lanzó sobre su amigo y lloró una vez más.
—Hey, no es tiempo de llorar. Larguémonos de aquí, ¿sí?
Louis solo asintió con la cabeza y entre los dos acomodaron las cosas en la camioneta del alfa. Veinte minutos después entraban en el bonito departamento de Zayn.
—¿Sigues soltero? —Preguntó Louis, una vez que acomodaron las cosas en el living.
—Así es. No hay un omega para mí, y estoy bien con eso. No tengo tiempo, ya sabes cómo es esto de la medicina.
—¿Nunca te decidiste a poner tu propia consulta?
—No. Tengo que aprovechar que tengo tiempo para dedicarme al servicio público. Me gusta, siento que hago mucho más por la gente que realmente lo necesita.
—Siempre te admiré por eso... Zayn, gracias por ayudarme aunque nos alejamos...
—Siempre te quise mucho, éramos mejores amigos... Nunca entendí que permitieras que Logan te alejara de mí, o de los demás.
—¿Alejarme? ¿A qué te refieres?
—¿No lo sabes?
—No, no sé de qué hablas.
—¿Quieres una cerveza?
—¿Tienes licor de chocolate?
—Sí, siempre tengo para ti.
Zayn se levantó y buscó una cerveza y la botella de licor junto a una pequeña copa.
—Ahora explícame, —pidió Louis.
—Nada muy extraño viniendo de parte de Logan. Me amenazó, me dijo que él era el único alfa que podía estar en tu vida y que tu deber era preocuparte de tu casa, que ya no había tiempo para amigos ni salidas. Era dejarte en paz, o darle una paliza a Danny, ¿recuerdas que salí con ella en esa época?
—Sí, cuando pensabas que te gustaban las omegas...
—Así es. Tuve que alejarme, Logan es un tipo que sabe cómo infundir miedo, pero ahora las cosas han cambiado.
—Tienes tanta razón, no me asombra lo que me cuentas. Me asombra el cómo pude enamorarme así de alguien como él.
Louis bebió su primera copa de un solo trago. Amaba los licores, pero el de menta, el de naranja y el de chocolate eran sus favoritos.
—¿Qué pasó para que te decidieras a dejarlo?
El omega suspiró. —Pensé que estaba bien a su lado. Nunca tuve problema en atenderlo, en recibir sus migajas, en cuidar nuestro hogar, pero eso es parte de lo principal. Estuve meses buscando una galería para exponer mis grabados, y después de mucho trabajo y entrevistas y peticiones, logré encontrar un lugar para mi primera exhibición. Tenía 25 piezas para exponer, preparé un cóctel, hice los folletos, y mis tarjetas de presentación a mano. Fueron horas y más horas de trabajo que muchas veces tuve que interrumpir por atender a Logan, que ni siquiera era capaz de calentarse un plato de comida... El día que conseguí una fecha, celebramos, lo anoté en todos los calendarios de la casa, se lo guardé en el teléfono. Hablaba siempre del día especial. Y hace un mes me dijo que era la despedida de soltero de Chris, ¿lo recuerdas?
—Sí.
—Me dijo que iba a ir un rato a mi exposición y luego se iba a ir con sus amigos... Pero no, no llegó ni una sola persona, estuve solo las tres horas de la exposición... —contó mientras empezaba a llorar. —Mis grabados son lo único que tengo realmente mío, y era la noche más importante para mí, para lo que soy, y para él significó nada y no, no puedo tolerarlo. Cuando entendí, porque me costó hacerlo, que Logan prefirió a sus amigos, fue cuando supe que estaba solo. Y comencé a recordar cada vez que él me hizo sentir mal o triste, y Dios... Estoy lleno de esos momentos y me odié por creer que estaba bien, que yo podía vivir así...
Zayn se acercó a abrazarlo.
—Está bien que llores, desahógate, entiendo tu frustración... Han sido años de vivir engañado, de malas decisiones tal vez, pero lo importante es que hoy estás aquí y que estás dejando todo atrás. Puedes empezar de nuevo una y otra vez, es tu vida y tú decides cómo vivirla. Estoy aquí si quieres, mi cariño por ti sigue intacto, cuenta conmigo...
Y Louis lloraba con más fuerza.
—Gracias... Jamás podré pagarte esto.
—Creo que debemos ir a dormir. Tengo turno temprano y debes descansar.
—Sí, vamos.
—¿Dormimos juntos?
—Sí amigo, como siempre.
Se colocaron sus pijamas y se acostaron en la cama de Zayn. Era algo normal que hacían cuando estaban jóvenes y que cuando Logan supo, le provocó ganas de matar al alfa.
Zayn se despertó cerca de las seis de la mañana, preocupado por Louis. Lo miró dormir diez minutos, mientras pensaba en todo lo que había pasado. Quizás no debió alejarse, pero era una situación delicada y él era muy joven y tampoco podía dimensionar las cosas ni buscar otra solución. Louis había dicho que nadie fue a su exposición, y eso le quemaría por siempre en el pecho. Había sido testigo del esfuerzo y el talento de Louis en todas las áreas artísticas, la pintura, la escultura y más aún en el grabado, ¿por qué no tenía apoyo? ¿Podría ayudar a cambiar eso? Se levantó y se preparó para salir. Su turno empezaba a las siete y media en el hospital de Londres, y estaba a punto de empezar una especialidad en pediatría, lo que lo dejaría con muy poco tiempo, pero era lo que quería y lo iba a lograr.
—Lou, escúchame. Ya me voy, te quedas en tu casa y sobre la mesita de la cocina te estoy dejando un juego de llaves. Mándame un mensaje cuando puedas para saber cómo estás.
—Te quiero...
—Y yo a ti, duerme.
Zayn salió del departamento y tomó el metro para llegar a su lugar de trabajo, no le gustaba ir en su camioneta cuando tenía turno de día, no lo necesitaba. Mientras caminaba, pensaba sin cesar en la exposición de Louis. Sabía que cerca del hospital estaba una de las mejores galerías de la ciudad, pero que llevaba cerrada por remodelaciones muchos meses. Al parecer el dueño no quiso seguir con ella, y no la reparaba y tampoco la vendía. Iba a hacer algunas averiguaciones, sobre esa galería y otras.
Louis durmió hasta mediodía. Estaba agotado físicamente y sobre todo, emocionalmente, pero despertó tranquilo y sintiéndose seguro. Se dio un largo baño de tina, con el agua muy caliente y liberó su aroma a avellanas tostadas auto relajándose y luego se vistió con un buzo suelto y cómodo. Desayunó unas simples tostadas con café y luego preparó una lasaña para el almuerzo y la cena. Ordenó y limpió el departamento, y fue inevitable ponerse triste al mirar sus 25 grabados. Eso le dolía más que cualquier otra cosa, y al mismo tiempo lo hacían agradecer por poder abrir los ojos a su realidad.
Estaba recostado escuchando música cuando se acordó de su celular.
Lo puso a cargar y lo prendió. Tenía 15 llamadas perdidas y 30 mensajes de Logan.
En ese momento, estaba entrando una llamada del alfa.
Louis contestó.