Capítulo 1
Abrí los ojos con dificultad, tenía la boca seca y apenas logré separar los labios en un intento de hablar. Miré a mi lado, tenía una mano encima de la mía.
En ese momento lo comprendí todo, me encontraba en una habitación insípida, carente de color y un montón de cables estaban conectados a mi cuerpo. Me encontré con el golpe de realidad, yo en una habitación de hospital y sin comprender como terminé allí.
El hombre a mi lado que sostenía mi mano se veía un tanto demacrado, pero incluso en aquellas condiciones que dejaban en evidencia las noches que llevaba sin dormir bien, se veía lo atractivo y elegante que debía de ser la mayor parte del tiempo.
Lo aprecié a detalle, su barba de apenas una semana sin rasurar, su piel blanca, sus ojeras profundas y su cabello mal arreglado.
Abrió los ojos en el momento que separé con sumo cuidado mi mano de la suya, se sobresaltó, vi una mezcla de miedo y confusión en su mirada. Aquellos ojos de acero eran sin duda los más bonitos que había visto, incluso cuando eran una tormenta.
Ni siquiera musitó una palabra, esperaba descifrar en alguna de ellas de quién se trataba, porque quedaba en claro que el cómo había llegado hasta allí no era lo único que no terminaba de entender.
En esos segundos que parecieron eternos, en los que mis pensamientos sobre el hombre extraño y la duda de como había llegado hasta allí me atacaron, no me pude dar cuenta de algo que era incluso más importante. No hasta que sentí unos leves movimientos en mi interior.
Me estremecí, las lágrimas abordaron mis ojos y cayeron por mis mejillas sin previo aviso cuando lo noté. Una panza enorme, que se movía y que solamente podía significar una cosa, un embarazo.
—Arin —escuché mi nombre en esa voz gruesa que salió de los labios del hombre que estaba a mi lado—. Él está bien, llamaré al doctor, te lo va a explicar todo. Sí deseas que me marche luego de eso, puedo hacerlo Sé que probablemente no quieras verme.
Por alguna razón yo no quería verlo, él lo sabía y aquello fue lo que provocó el miedo en su mirada cuando me vio despertar. No lo comprendía, se mostraba como una persona dulce, comprensiva y atenta a cada uno de mis movimientos.
Desvié mi atención del verdadero problema que tenía, deseaba no pensar en ello, porque el nudo en mi garganta se volvía más intenso y cada vez se dificultaba un poco más pasar la saliva.
...
—Está bien señorita Arin, ¿puede decirme que edad tiene? —preguntó el doctor que estaba sentado delante de mí.
—Veinte años —respondí con la mirada fija en la pared blanca—. Los cumplí hace no mucho, pasamos el verano en San Francisco. Quería que fuera un verano inolvidable junto a mis mejores amigas de toda una vida y tampoco fue el verano que esperaba.
El doctor se quedó en un profundo silencio, quería preguntarle que era lo que estaba ocurriendo, pero el miedo de lo que fuera a decir me estaba consumiendo y preferí seguir mirando la pared.
Ese verano tal vez tenía un significado muy especial, aún resonaba en mi cabeza el sonido de la risa de Esper y Sirelle. Fue un verano mágico, Esper al fin se atrevió a decirle que llevaba enamorada de Sirelle todos estos años, yo me había dado cuenta desde hace muchos años, en una pijamada que tuvimos.
Se dieron la oportunidad de intentarlo, pero ese verano también cambió nuestras vidas, Sirelle tuvo un accidente al final del verano, cuando volvía a Nueva York para retomar su trabajo y perdió la vida.
Solamente quedaba en recuerdo de ese verano y el sonido de las risas de mis mejores amigas.
—¿Tiene algún recuerdo en especial desde que llegó a Nueva York? ¿Un sitio que le guste mucho? ¿Su casa por ejemplo?
¿Nueva York? ¿Mi casa?... La situación se volvió incluso más confusa, no recordaba estar en Nueva York, siempre dije que era una ciudad de mierda y que no tendría una verdadera razón para vivir allí.
—Disculpe, doctor Gregory, no entiendo que es lo que me está ocurriendo —las lágrimas desbordaron mis ojos y bajé mi rostro—. No recuerdo a este bebé, ni al hombre que está esperando en la otra sala. No recuerdo que hago en Nueva York.
—No debe acelerarse, tuvo un accidente muy grave, debería de sentirse agradecida de que no perdió el bebé y no hubo daños mayores.
Él le llamaba daños no mayores al hecho de que no quedé inválida por completo, me cuesta sostenerme en pie porque el coche que me atropelló me golpeó por las piernas y no recordar que ocurrió, es tener un bache.
—En estos momentos puedes verlo como si esto fuera lo peor, no recuerdas cinco años de tu vida —comentó revisando las hojas en las que había estado anotando antes—. Pero esto puede ser momentáneo, a medida que vayas a sitios, que regreses a casa, verás como lo vas recordando todo.
Quería creer que tenía la razón, que recordaría mis cinco años de vida que cambiaron tanto mis perspectivas, pero si no pasaba como el doctor lo espera, entonces tendría que asumir que me tocaría comenzar desde cero.
—¿Es un varón? —me atreví a preguntar mirando la panza.
—Sí, un hermoso varón —dijo sonriente el doctor.
—No sé si en realidad era lo que yo deseaba —murmuré con tristeza—. ¿El hombre que está fuera es mi esposo?
Mantenía un anillo en mi mano, sabía que estaba casada, al menos eso sí lo sabía. También sabía que ese hombre me había estado cuidando incluso cuando no tenía la menor idea de cuando despertaría.
—No lo sabemos, quisimos preguntarle, pero no habla, lleva sin hacerlo desde el primer día, cuando te trajo en brazos y estaba destrozado —comentó el doctor con pena en la mirada—. Lleva un anillo en su mano, asumimos que es su esposo, además, todos los días únicamente sale de su habitación para bañarse y nada se hace sin que él lo sepa antes.
Era demasiado extraño, podría ser posible que me hubiera casado con ese hombre, pero en realidad lo que me extrañaba era el hecho de haberlo escuchado esa mañana pronunciar mi nombre. Aún recordaba a la perfección el sonido de su voz gruesa.
Cuando la conversación con el doctor dio por concluida salí de la sala arrastrándome en la silla de ruedas. No sabía si podría acostumbrarme a todo esto, pero tendría que intentarlo, dando lo mejor de mí antes de poder decir que no estoy lista para esto.
Entré en mi habitación, él estaba sentado en el sofá, justo al lado de una ventana que daba vistas a la ciudad y tenía sobre el abdomen apoyado un libro de la pequeña estantería que el hospital brinda a las visitas.
—¿Tú estabas conmigo cuando sufrí el accidente? —pregunté.
Él se mantuvo en aquel silencio que al parecer era más usual de lo que pensaba, creí que podría aguantarlo, pero ya había escuchado su voz y sabía que podía hacerlo. Antes de que le pidiera que me diera una respuesta él asintió.
—¿Me trajiste al hospital y me cuidaste durante todo este tiempo? —pregunté nuevamente.
Aquello comenzaba a volverse un interrogatorio, pero parecía uno de esos en los que únicamente podría responderse a toda pregunta con un sí o un no. Él asintió de nuevo.
—Gracias —respondí, incluso cuando su silencio comenzaba a desesperarme—. ¿Eres mi esposo?
Esa era la mayor pregunta que necesitaba de una respuesta de su parte, pero ahora en vez de ver el perfil de su rostro, me dio la espalda, como si no estuviera listo para responder a eso.
—Comienzas a desesperarme, necesito que me hables... Necesito respuestas a todo esto, creo que el doctor ya te ha dicho que no recuerdo y necesito que las piezas comiencen a encajar —musité en un hilo de voz.
Me estaba quebrando delante de un desconocido, pero lo que verdaderamente sentía ante la situación era frustración, deseaba recordar y saber si esta persona que tenía delante era la misma que había puesto un anillo en mi dedo. Quería saber si a él le había dado un sí para toda la vida y el significado que tenía para mí antes de todo esto.
Caminó hasta una pequeña mesa, tomó una libreta a la que le habían arrancado tantas hojas que estaba delgada y con un bolígrafo comenzó a escribir. La impaciencia se apoderó de mi cuerpo, quería decirle que abriera la boca, pero ahora mismo no quería hacer nada que pudiera limitarme a saber más.
Al terminar me pasó un papel, la letra era perfecta para ser simplemente un hombre y empecé a leer a detalle.
"Arin, sé que ahora mismo tienes muchas preguntas, no puedo responder a todo lo que tienes por saber. Soy el padre del bebé que llevas en el vientre, creo que eso es suficiente para que sepas que a mi lado no corres ni correrás ningún tipo de peligro. Tenemos una hermosa casa en la cual vivimos, el accidente me devastó, he sentido que todo esto ha sido mi culpa todo este tiempo, esperaba que despertaras para pedirte unas sinceras disculpas y buscar la manera de enmendar mis errores si me lo permitías".
Levanté la mirada, estaba a punto de preguntar que era lo que significaba aquello, pero el siguiente papel llegó y cayó encima del otro con pesadez.
"No puedo hablar, tengo estrés postraumático, al menos eso es lo que ha dicho mi doctor y con mucho esfuerzo puedo pronunciar algunas palabras, pero no hablar como me gustaría contigo. Lamento todo lo que has tenido que pasar, espero decidas regresar a casa conmigo y tengamos la oportunidad de volver a unir a la familia. Si no es así respetaré tu decisión, pero no dejaré de acompañarte en todo este proceso, espero puedas comprenderlo".
Ahora la que se mantuvo en silencio fui yo, con mi silla de ruedas fui hacia la cama, no tardó más que unos segundos en ir hasta mi lado y me levantó en sus brazos para ayudarme a subir. Me era humillante que alguien más tuviera que ayudarme a hacer algo tan básico, pero estando en embarazo, tampoco estaba en condiciones de volverme loca y cometer errores que podrían costarme un poco más.
—Tendrás que explicarme más cosas antes de tomar la decisión de volver a casa —murmuré mientras me cubría con la manta—. Ahora me importa algo más, tu nombre...
—Chéster —logró pronunciar con la voz temblorosa.
...
Un hermoso vestido rojo, mi sonrisa ancha en frente al espejo y yo sosteniendo una copa con una de mis manos con un gesto juguetón. Detrás Chéster, caminando con un gesto serio y su rostro se deforma al verme allí apoyada.
Camina en mi encuentro, me doy la vuelta, lo enfrento y sus ojos son una tormenta de sentimientos. Toma mi mano con un poco de fuerza, hago una mueca, con mi mano libre le acaricio la mano.
—Chéster, todo está bien, no tienes que preocuparte de nada —dije con la voz dulce mientras su agarre se suavizaba—. No tienes que sentirte así, con él no volverá a ocurrir nunca jamás.
...
Presiono mi frente ante el recuerdo que había regresado a mi mente como una ola. Solamente con escuchar su voz, con escuchar su nombre, algo regresó y las palabras del doctor Gregory comenzaron a hacer sentido.
Quizá estar cerca de Chéster podría darme más de eso y poco a poco encajar las piezas que me llevarían a saber si todo era como él me lo estaba contando, saber si esa era la vida que realmente había elegido tener en estos cinco años de incertidumbre.
—Regresaré contigo a casa, pero mi única condición es que busques curarte, necesito que vuelvas a hablarme Chéster, acabo de darme cuenta de que eso es lo que puede curarme. Si verdaderamente quieres ayudarme en este proceso, necesito que lo hagas por mí —terminé por decir.
—Haré lo que esté a mi alcance —sonrió al decir aquello.
Chéster parece ser el hombre perfecto, con el rostro perfecto y aquello sigue siendo algo que no termina por convencerme, nunca he creído en la perfección, cuando algo es así se oculta algo detrás. Hasta no saber que es lo que ocurrió en estos cinco años seguiré jugando a tener la vida perfecta, al final terminaré por saber la verdad, porque la verdad siempre sale a la luz.