𝗔𝗽𝗿𝗲𝗰𝗶-𝙖𝙧𝙩𝙚【1827】

Summary

Dicen que alguien que te escucha en silencio es la mejor compañía; Tsuna comprobó que, en efecto, así era. Ahora Hibari era su mejor acompañante cuando quería pasar horas y horas hablando de su pasatiempo favorito: hacer arte.

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único

Tsuna tenía muchos pasatiempo que, si bien no eran raros, eran inesperados para tratarse de alguien como él.

Reborn pensaría que, alguien sin motivaciones como ‘dame-tsuna’, no debería interesarse por actividades que necesiten de él la constancia y la perseverancia; y sin embargo, aquí está él, prohibiendole al niño que deje de pintar con acuarelas porque ahora su atención la requiere en entrenar para ser el jefe de la mafia más poderosa: Vongola.

El abatimiento se refleja de inmediato en esos ojos caramelo, obviamente afligido por tener que deshacerse de uno de entre sus muchos pasatiempos favoritos.

—No exageres, no estoy diciendo que tires tus materiales, solo te pido que dejes de pintar por un tiempo, Tsuna— le rectifica Reborn entre suspiros.

Obviamente no le iba a tirar sus cosas, no era tan desgraciado como para hacerlo, pero en definitiva, esa mirada de cachorro atropellado no iba a funcionar con él.No, no le repitió de manera más amable que dejara su arte por un tiempo.

El moreno resignado, dejo lentamente su pincel delgado a punto de mezclarlo en la pintura, sobre la mesa; cerro el estuche de acuarelas, dejando atrás el sonido metálico de la cajita; cerro también el recipiente con agua y lo dejo a un lado; finalmente tomo todos los pinceles y los metió dentro del lapicero, lo empujó hasta quedar pegado a la pared y lo demás lo fue guardando en el cajón de su escritorio.

Reborn casi rueda los ojos en fastidio, por el berrinche del niño al guardar todo tandolorosamentelento. Porque no es que le disgustara que Tsuna tuviera ese tiempo; al contrario, le interesaba en sobremanera ver qué tipo de pinturas creaba con esos pinceles y esas acuarelas obviamente caras.Pero entonces se repetía a si mismo: «La mafia no es amable, mucho menos con aquellos de corazón bondadoso »

Así que por eso quería hacer a Tsuna alguien fuerte y capaz de defenderse, así mismo y a los suyos; después de encargarse del daño que tanto causa el bajo mundo, él podría volver a sus pacíficos pasatiempos que no dañan a nadie.

—Entonces ¿Por donde comenzaremos hoy?— la pregunta de Tsuna saca al azabache de sus cavilaciones.

Esta era, por mucho, la quinta semana en que Reborn se estaba quedando en el hogar de los Sawada, entrenaba a Tsuna mientras iba a la escuela; y en todo ese tiempo, había perdido la cuenta de las veces que vio al castaño con sus artículos de pintura afuera de sus lugares. Todas esas veces que lo atrapó en el acto, a pesar de las claras instrucciones, le sugirió con dulzura que guardara sus cosas y se pusieran a entrenar o hacer tarea.

Él no era de repetir las cosas, pero dado que el adolescente a pesar de esas ‘distracciones’, todavía tenía un promedio estable en la escuela y en los entrenamientos ya era bastante avanzado; además ya había conseguido a todos sus guardianes, así que de alguna manera tenía que reconocer su esfuerzo.

—Hoy aprenderás técnicas del primer jefe Vongola, tu antecesor: Giotto—

Ahora, hablando seriamente, necesitaba al niño al 100% concentrado, porque la batalla de los anillos se acercaba y no quería que su alumno perdiera. Mas allá de ganar la otra mitad de los anillos, él no quería que Tsuna sufriera bajas entre su familia, es decir, que nadie resultará herido, ni siquiera él mismo. De ahí la insistencia.

◜❁◝

Fuera de Reborn, nadie de su familia sabía de este pasatiempo suyo, hasta donde sabían, solo le gustaba los videojuegos y leer manga; Tsuna pensaba que sería una total decepción que se enterarán que él tenía por afición pintar en acuarela, y no solo eso; amaba pintarlos a ellos, porque eran geniales, estaba orgulloso de su familia.

Hasta ahora, a escondidas de su tutor ya había terminado un dibujo de cuerpo completo de Gokudera, Yamamoto, Ryohei y Chrome; justo estaba empezando con los bocetos para Hibari y Mukuro, pero las interrupciones para entrenar eran más frecuentes y al terminar estaba cansado, así que no podía continuar tampoco en las madrugadas.

Además, luego del Lunes que fue el día que Reborn lo interrumpio, también se dio cuenta que sus suministros de arte se habían acabado, algunos colores ya le hacían falta y estos eran indispensables para todos sus cuadros. Sin embargo tenía que dejar eso para otra ocasión, ya que su padre reapareció y estaba ahí presente en la lucha por los anillos, como si temiera que él perdiera; se enfurecio, si, pero se concentro en sus entrenamientos y en las batallas como su tutor le dijo.

—Cuando esto terminé, talvez te permita tomar un descanso para hacer lo que quieras — Reborn ánimo, con una mano sobre esa cabellera castaña.

Al final no todo estuvo perdido. Su familia ganó sin recibir daños, su bastardo padre se fue de nuevo y él podía seguir con sus pinturas; aunque lo que no anticipo, fue que su familia y él se unieran más, lo que significó tenerlo casi cada día en su casa, jugando videojuegos y comiendo juntos.

Para nada le disgusto, a Tsuna le gustaba esa compañía, además, estaba teniendo nuevas ideas para dibujarlos más tarde. Su casa estaba llena, incluso de Hibari y Mukuro (solo debes en cuando), pero pasaban un rato ahí en silencio, mientras el trio de la lluvia, la tormenta y el cielo jugaban en al consola.Eso entonces les daba la oportunidad a ellos dos de observar con detalle cada rincón de la habitación, escudriñar hasta el minimo detalle que les permitiera entender porque su jefe a veces en compañía parece preocupado.

Mukuro, es un observador en busca de chisme; Hibari, en cambio, es observador para la recolección de información, no para dañar, solo para saber.

Luego de esa tarde de diversión, aunque su Nube y Niebla no hicieron mucho, admitieron que fue divertido ver en silencio.

—La próxima vez, hagamos algo que les guste — propuso con una sonrisa, que a Hibari le permitió apreciar cada arruga que se formaba en la esquina de sus ojos caramelo.

—Lo mismo digo, herbívoro — responde con una sutil mirada.

Luego ambos chicos desaparecieron por su lado, no soportando ni un segundo más estando juntos; así, dejando a un joven jefe confundió de a qué se refería Hibari.

◜❁◝

Era finalmente fin de semana (otra vez), dándole por señal a Tsuna de que con esto, se cumplían dos semanas de que no hacía nada de arte. Había está posponiendo tanto tiempo el ir al centro comercial por suministro de pintura, que ahora que nuevamente quería hacer algo, se daba cuenta de la falta que le hacía su material completo.

Ya sea por pena o porque no encontraba el momento, el castaño no pudo mencionar a ninguno de sus amigos que hacía pinturas en acuarela y que si podían acompañarlo a comprar más cosas; por alguna razón se sentía nervioso y asustado de confesarlo, siendo tan absurdo, porque no era un pasatiempo malo, pero si uno muy contradictorio para ser él.

Actualmente estaba decidiendo quién, entre todos sus contactos, podía acompañarlo hoy sábado al centro comercial. Ya no podía soportar más la ansiedad que sentía por querer expresar lo mucho que amaba pintarlos, y no poder decirles por vergüenza.No sabe porque, su familia nunca ha sido de ser mala juzgar lo que hace o dice; piensa incluso que tal vez se trate de que todavía no les tiene confianza; sin embargo, lo que en realidad sucede, es que muy dentro de él, anhela que solo la persona indicada conozca todo sobre el.

Al final, de tanto pensar en el guardián adecuado, termino mandando un mensaje a Hibari; esto, porque hasta el momento era el chico con quién menos se sentía cercano y no sentía ninguna especie de vergüenza en qué fuera acompañado por él.

Para el castaño, Hibari era esa clásica persona ‘desconocida’, a la que le tenías una extraña confianza para contarle algo secreto tuyo, porque sabes que no la volverás a ver y como no es alguien cercano, te sientes extrañamente reconfortante. Además, Tsuna había escuchado que las personas silenciosas eran el mejor acompañante, no hacían muchas preguntas ni hablaban mucho al respecto; pero sabes que detrás de ese silencio, te hacen compañía.

◜❁◝

El mensaje fue:

«Hibari-san ¿Podrias acompañarme al centro comercial? Necesito comprar un par de cosas y temo que sean muchas»

Dentro de lo que esperaba el guardián, definitivamente no era recibir un mensaje de que lo necesitaban para ser un chico del mandado; lo que sea que fuera, no quería ser usado para cargar cosas que no eran suyas.

Sin embargo, recientemente a Hibari le llegó la sensación de que en ese centro comercial algo raro estaba ocurriendo; y por raro, me refiero a violento y desastroso, dos cosas que Hibari como prefecto que amaba Naminori, odiaba. Y justo tenía pensado patrullar por su cuenta aquel lugar, una misión que se autopuso, por simple capricho, solo por precaución.

Y si el adolescente de atrayentes ojos caramelo, iba a estar aquí comprando-no-se-que; Hibari pues, decidió que podía ser y servir de compañía, y al mismo tiempo patrullaba el lugar.

« De acuerdo»

Treinta minutos después, el azabache encontró al adolescente vestido de una manera que, sinceramente, hizo que viera dos veces para confirmar que, en efecto, esa blusa a rayas de color amarillo y con un overol encima, quedaba bien a la figura de Tsuna; era llamativo y, si tenía que admitir, distraía de la sonrisa triste que traía en ese momento.Hibari se pregunto, que provocaba esa tristeza en el usual sonriente Tsuna.

—Gracias por no rechazarme, Hibari-san— le habló, sinceramente sorprendido todavía por haber recibido una respuesta positiva a su tonta propuesta.

Aún no le había dicho que iba a comprar, pero aún así accedió a acompañarlo, y su silenciosa respuesta le hizo sentir más confiado en ese momento. El pequeño rastro de tristeza se fue en ese momento y entonces entro con más ánimo al centro comercial, con el azabache siguiéndole a solo un paso detrás de él; donde Hibari,todavía podía escucharlo hablar mientras observaba los alrededores en busca de algo inusual.

—Estuve posponiendo esto tanto tiempo, que junte el dinero suficiente para poder gastarlo todo hoy en lo que quiero— decía con animosidad, mientras el ritmo de su caminar asemejaba a pequeños saltitos.

La Nube escuchando con curiosidad, le seguía el paso, aunque no brincaba como él, pero si caminaba un poco más rápido para estar a la par y poder ver un poco de esa genuina sonrisa que desapareció solo unos días.

Pronto llegaron a las dobles puertas de cristal, que daban a la tienda de arte más grande que Hibari haya visto.Si le preguntas, él creía que en las papelerías podrías encontrar de todo, hasta esa libreta de 300g para acuarela; pero por supuesto, era solo suposiciones suyas y muy alejadas de la realidad.A lo mucho, en una papelería puedes encontrar un par de buenos pinceles, pero no lo suficientemente buenos como los que Tsuna ahora tenía en sus manos.

Rápidamente el prefecto se desconecto de toda razón, y decidió solo disfrutar el viaje que el castaño le daba entre pasillos, donde poco a poco agregaba más cosas a la canasta que tenía en manos. Decidió que era más práctico oírlo hablar con cariño, de lo mucho que amaba pintar; en lugar de tratar de entender para que servía cada tipo de papel que veía en los estantes.

El guardián desconocía ese pasatiempo del chico, más aún, desconocía porque esa confianza que le tuvo para llamarlo, hablarle y pedirle un favor; cuando claramente a pesar de los meses que ya llevaba siendo su guardián, Tsuna jamás se había animado voluntariamente a entablar conversaciones con él. Ya sea porque era su superior o porque, reconocía, daba miedo como prefecto; el adolescente nunca se acercó a él tanto como para confiarle este increíble hobby suyo, que en lugar de decepcionarle (como supuso Tsuna), le pareció un tanto genial.

La euforia que había envuelto a Tsunayoshi dentro de la tienda de arte, finalmente había desaparecido; en cuanto salió, vio las bolsas y recordó a su acompañante; él sintió como palidecia, porque recordó claramente a quien había arrastrado todo este tiempo: al guardián menos social y más irritable. Al que tanto le teme por su fría mirada y maneras de acabar con cualquier alumno mal portado. Aquel que siente es con quién menos se lleva bien, piensa que ya que es un ‘herviboro’ a Hibari no le gustan ese tipo de personas.

Pero también, mientras el color volvía a llenar sus mejillas, hasta sonrojarlo; recordando pues que también fue su guardián en quien más confío para mostrarle este pasatiempo ‘tonto’ suyo, lo acompaño a pesar de ser una solicitud estúpida, que incluía estar entre las multitudes que él decía odiaba. Lo había estado escuchando y siguiendo en silencio, mientras despotricaba todo sus gusto por pintar y dibujar, sin que el otro lo interrumpiera con esa usual violencia.

Tsuna se sintió cálido en cuando Hibari lo miro; con esos mismos ojos que podían dirigir odio, pero ahora le mostraban amabilidad.

—Comamos, es tarde— le dijo, tomando a su vez una de las pesadas bolsas de plástico con su sumistros dentro

Tsuna se preocupo de que ciertos materiales se rompieran con el mal agarre o que choque esto con algo, pero otra vez, su guardian lo tranquilizó.

—Sera cuidados. Ahora andando— esas simples palabras, volvieron a dibujar una tímida sonrisa en Tsunayoshi.

Podria acostumbrarme— pensó.

Siguiendo al azabache por la plaza, caminaron hasta encontrar las escaleras que los llevarían a la zona de comidas rapidas, que toda plaza tenía incluida.Mientras iba detrás de él, noto el especial cuidado que Hibari tenía con esa bolsa de sus pertenencias.

◜❁◝

Ahora tenía cada uno, un tazón de ramen; uno chico para Tsuna y uno mediano para Hibari. Ambos disfrutaban de la comida, pues no fue hasta que sus platos fueron servidos, que se dieron cuenta que tenían mucha hambre.También, el azabache se dio cuenta que había dejado la vigilancia del lugar hace mucho, sin embargo, considero el hecho de que como Tsuna tenía esa intuición suya y le advertía de algo malo, ya que no vio inquieto al cielo, Hibari decidió que no debía estar tan precavido en ese momento; además quería comer tranquilo su ramen junto al té que pidió, mientras el castaño ya iba casi terminando el tazón.

Tsuna tenía sus razones para acabar rápido de comer; una de ellas era porque tenía demasiada hambre, que devoró el plato de ramen; la otra razón era que quería acabar rápido de comer, porque había tanta gente alrededor que eso le traía inspiración para bocetear algo en su cuaderno. Él había llevado una mochila pequeña a su viaje; en ella siempre cargaba un cuaderno de bocetos, un lápiz y una goma, aunque la goma no la llegara a ocupar, era indispensable llevar esos materiales siempre que salía a algún sitio.

Fue un hábito que formó con el tiempo, pues antes de que Reborn llegará a su vida, cuando Tsuna se llegaba a saltar sus clases para evitar algunas burlas y quejas de profesor, el quería dibujar siempre pero no tenía nada a la mano; aprendió pues que debía siempre llevar una libreta y lápiz para por lo menos pasar el aburrimiento y la soledad de una manera distinta.

Así que actualmente estaba empezando el boceto para dibujar a Mukuro, pero claro, para Hibari hasta el momento eran solo líneas, rayones y manchas; no decía nada, solo observaba el proceso creativo del castaño mientras él seguía comiendo a su ritmo. Disfrutaba también de su té; del momento,de los murmullos del castaño a la hora de trazar y, por muy extraño que sonara, Hibari también estaba disfrutando del ruido de la multitud; que por muy ruidosa que fuera, era un ruido de fondo que al final acompañaba bien ese momento tranquilo.

Tsuna disfruto ese pequeño momento al trazar al menos cuatro páginas de bocetos, mientras el ruido de fondo ayudaba y el olor a té, curiosamente, era más fuerte que el ramen, y era agrable; cuando se sintió satisfecho, levantó la vista y nuevamente fue conciente de su acompañante.El azabache le regreso una mirada curiosa, sobre porque de repente Tsuna de detuvo si nunca le dijo nada; sin embargo miro rápido los bocetos y ahí halló trazos a lápiz tan maravillosos, que lo hizo cuestionarse porque alguien ocultaria ese talento.

—¿Te he hecho esperar?— pregunto al momento de cerrar su libreta.

Hibari lo miro en silencio y negó. Él no estaba apresurandolo, ni estaba impaciente.

—Oh, entonces...¿Nos vamos? En realidad compré todo lo que quería, así que está bien si regreso solo— dice poniéndose de pie y listo para agarrar ambas bolsas, cuando Hibari también se ha puesto de pie, luego de pagar, tomo una bolsa y estuvo decidió a seguir todavía al joven jefe a dónde quiera que lo llevará.

Nuevamente una sonrisa tímida se dibujo en el rostro del castaño y condujo el camino en dirección a las escaleras. Aún se sentía nervioso con la actitud tan tranquila que llevaba Hibari en todo el día; es decir, lo llamo específicamente a él para que lo acompañará a un lugar lleno de multitud y aún así no se negó o le dirigió esas mirada enojada, así que esa amabilidad lo confundía mucho pero lo hacía sentir cercano a su guardián.

◜❁◝

—Gracias, Hibari-san—

—Llamame otra vez cuando me necesites— dijo sinceramente, extendiendo su mano con la bolsa de las pertenencias de Tsuna.

Él no sabía porque fue tan confiado al decir eso, pero había quedado tán emocionado por verlo dibujar otra vez, que no le molestaría si volviera a suceder.

—Los demás chicos...— Hibari quería preguntar porque no los dibujaba o si ya los había dibujado. En cambio, el castaño lo malinterpreto y respondió otra cosa

—Pues con ellos no me he animado a confesar que dibujo, a veces pienso que no tengo el suficiente talento y solo es un pasatiempo tonto— comenta mirando sus pies como algo interesante

El prefecto no esperaba ese tipo de respuesta, esa poca confianza que tenía Tsuna acerca de su propio talento, le parecía absurdo. Y aunque no pregunto exactamente eso, agradeció esa respuesta.

Ahora se tenía que ir, pero no sin antes dirigirle al moreno una mirada un tanto molesta, por pensar que no es bueno en lo que hace. Entonces deja al castaño confuso.

Reborn sabía que el adolescente había salido a comprar sus suministros de arte, lo que no sabía es con quién fue; sin embargo al ver de lejos como Hibari se iba de su lado dejándole una bolsa en su mano, supo todo. Incluso esa mirada de confusión de su alumno, no era más que el principio de sus problemas, en donde tendría que pensar más acerca de lo que siente por su familia, por cada guardián. Tendría que descubrirse así mismo.

—¿Que pasa, Tsuna? Sigues sin querer decirle a tu familia acerca de tu increíble pasatiempo — pregunto su tutor, en cuanto entró el castaño y saco todo de las bolsas.

También dejo afuera el cuaderno de bocetos que llevo y se puso a ojearlo, lo que vio allí, fueron las mismas poses que vio en otro cuaderno, pero estás ya estaban coloreadas con acuarela. Se sorprendió que los detalles casi fueran parecidos y no pasará por alto ninguna costumbre o defecto de sus guardianes.

—Reborn tu sabes muchas cosas y una de ellas, es que mi habilidad ni siquiera es tan buena, solo me avergonzaria a mi mismo—suspiro, arrebatando sus libretas de dibujo de las manos de su tutor— Además estoy contento con disfrutar yo solo este pasatiempo

—Tsuna, hasta un jefe de la Mafia puede poseer habilidades como el crear arte, así que no es una perdida de tiempo lo que haces y tampoco es malo lo que creas — responde el de fedora, peinando un par de cabellos castaño que cubren los ojos de su estudiante— Aprende a reconocer tu propio talento—animo por último, dando un golpecito en la frente de este

Tsuna un poco menos desanimado, saco lentamente la libreta de bocetos y la dejo sobre la mesa, abierta en la primera página donde tenía dibujado a Mukuro. En realidad, de cada guardián suyo, hacía al menos 5 bocetos, en distintos ángulos que le gustaba bastante dibujarlos; Reborn podía ver qué incluso si era un boceto, podía ver con detalle los pliegues de la ropa, los detalles del rostro y cabello. Si su alumno le permitía, él se quedaría ahí y ver cómo Tsunayoshi lo llenaba de color.

—Oye, Tsuna ¿Me has dibujado a mi y me lo ocultaste?— pregunto un poco curioso ojeando más el cuadernillo, sin hallarse

—En realidad, lo intente, pero Reborn es tan difícil— confeso apenado— Por eso decidí empezar por mi familia. Te prometo que si te dibujo, te diré — dice contento de recibir ese apoyo y esa expectativa de ver sus resultados.

Talvez al final no estaría mal decirle a su familia y mostrarle el dibujo de ellos mismo, preguntándose que diría al respecto.

◜❁◝

Al rededor de la semana, Tsuna dibujo y pinto en pequeños cuadros, diversos paisajes; esto con la finalidad de regalárselo a su familia. Era algo pequeño, pero esperaba que luego de eso, se animará a mostrarle su cuadro de bocetos, al menos, antes de que su tutor lo hiciera y muriera de vergüenza.

Llegó la hora de cambiar de clases, así que el grupo de Tsuna se estaba trasladando al salón de ciencias, cuando por accidente una de sus pinturas resbala de entre las hojas de sus cuadernos. Rápidamente un compañero noto eso y alzó el dibujo a la altura de sus ojos, para poder ver mejor de que se trataba la ‘cosa’ que pertenecía a Dame-Tsuna.

—¡Hey, Dame-Tsuna, que buen dibujo!— aclamo el adolescente, con burla. Luego agrego—: Pero esto no puede ser tuyo

En algún punto otro compañero se había acercado cuando Tsuna estaba tratando de procesar lo que pasaba y recuperar su dibujo. Era una acuerela de un pasisaje bonito, de hecho, era una montaña llena de margaritas; las dibujo porque le recordaban a Yamamoto, pero ahora esa pintura la tenía alguien más en sus manos .

—¡Es verdad! Esto es imposible que lo hayas hecho tu, es decir, todo lo demás que haces, es horrible— se burló, señalando todavía el dibujo

—Pero es mío, aún así me pertenece ¿¡Me lo puedes devolver?! — el moreno insistio, pero sus compañeros seguía jugando con dicha pintura de un lado a otro, riendo y haciendo bromas respecto a que todo lo que hace siempre le sale mal.

Tras esas palabras hirientes, un vago recuerdo llegó a su mente. Se trataba de una escena similar, palabras similares que fueron dichas en el pasado; un pasado que le recordó porqué desde ese entonces había decidido jamás admitir su hobby por el arte.

—¡Oye! ¿Tu lo dibujaste?— el recuerdo de un pequeño Tsuna asientiendo con entusiasmo

—¡Imposible! Esto es bonito, pero nada de lo que haces es bonito— reclamo un niño

—No podrías, esto es una especie de plagio. Porque, solo mira las tareas que entregas— el niño señalo descaradamente su exámen, con sorna lo agitó frente a sus ojos caramelo— Son una basura y esto solo refleja lo que eres

—Un Dame-Tsuna no puede hacer algo así, eres un mentiroso— declaro, para a continuación romper su dibujó de ese entonces y arrogar su examen, que se lo arrojó a la cara con desden.

Tsuna solo tenía cinco años, apenas entendía los estudios, pero lo que en ese entonces encontró ser bueno fue en dibujar y a él le gustaba. Sin ayuda él aprendió muy rápido y se hizo relativamente bueno, pero nadie le tomo importancia y solo lo degradaron. Hicieron que sintiera vergüenza por un talento tan ‘inutil’ como dibujar.

Entonces recordó porqué había ocultado este pasatiempo suyo, tenía sentido el porque tenía tantas cosas secretas que, aunque fuera su familia, se negaba a mostrar.

Era doloroso recordar y oír las mismas palabras, las burlas y los señalamientos desdeñosos solo lo hicieron más silencioso y tímido. Tenía miedo de mostrar lo bonito que podía dibujar y que su familia se riera, porque no iba con alguien ‘como él ’.

El castaño sintiéndose vulnerable y expuesto, arrebato la pintura rápidamente y luego salió huyendo, a quien sabe dónde, pero lejos, donde sus sollozos vergonzoso no pudieran ser escuchados. No quería ser señalado o juzgado por las cosa bonitas que hace, no quería oír más palabras juzgandolo porque lo que hace es una perdida de tiempo, ‘poco valioso’.Pero lo que esas personas no saben, es cuan valioso e importante es para Tsuna su arte, sus pasatiempos, nadie sabe cuánto se ha esforzado en secreto ni cuánto anhela crecer más en esa área para sentir que en algo es especial.

No es justo que no aprecien lo que hace y como extra, que se rían.

Le dolía, en lo más profundo de su pecho, esa herida vieja que no había sanado, esas burlas seguían frescas, repitiéndose como caset rayado.Lágrimas de impotencia mezcladas con un poco de rabia, se desbordaba de esos hermosos ojos caramelo; ojos ahora tristes, porque la historia se repite y le duele.

◜❁◝

Tomo por lo menos 4 horas para que la familia encontrará a Tsuna.

Las primeras horas hubo derramamiento de sangre, por parte de los guardianes, por atraverse todavía a insultar y burlarse de Tsuna frente a ellos. También, muchos salieron heridos, porque en lugar de detener las burlas, muchos otros compañeros fueron cómplices al quedarse callados sin hacer nada y eran igual de culpables.

Entonces después de dejar a todos en su lugar, los chicos se dispusieron a buscar a su jefe, preocupados y tristes por haber tenido que presenciar como esos ojos se aguaban en tristeza, cuando sus compañeros arremetieeron de inmediato a ofender.

Al final, descubrieron al moreno sobre la rama de un árbol alto, plantado en el parque cerca de su casa. El otoño estaba cerca, así que todavía las hojas amarillentas lo ocultaron ese par de horas que no hallaron rastro de él. Y la persona quien lo resultó encontrado, fue Hibari, quién realizaban su patrulla habitual aquella ocasión por el parque.Él había decidido dejar de buscar, porque si Tsuna no quería ser encontrado por el momento, entonces no tendrían que presionar, ya aparecería el adolescente en algún momento. Y eso ocurrió.

Las hojas le dejaron ver al pequeño cuerpo, sentado sobre la dura rama y con su espalda curva, mientras sus pies colagabn y él miraba con tristeza el cielo; su mente dispersa, hizo que no escuchará su nombre ser llamado varias veces por Yamamoto o Gokudera. A su nube, no le sorprendería que fuera un mecanismo de defensa que emplea el subconsciente, para no salir heridos de más futuro insultos. Así que las respuestas seguían sin llegarles.

Finalmente y con cautela, el azabache sube hasta la misma rama del árbol con ayuda de sus tonfas. Se sienta a un lado del moreno, no tanto para tocar hombro con hombro, pero si para ser escuchado.

—Vuelve, Herviboro, estamos esperando ver lo que haces — dijo Hibari con cariño, esperando ser escuchado — Apreciaré tus pinturas...lo prometo

Pronto sus ojos dejaron de estar opacos, para que su brillo característico regresara y mirara con sorpresa al par de ojos metalicos que pertenecían a Hibari; además de la promesa que salió de su boca y la suave, y casi imperceptible, sonrisa que le dirigió con con siceridad. Era la primera vez que Tsuna veían una y en ese momento desearía dibujarla muchas veces, hasta grabé la imagen de memoria, hasta hartarse.

—Gracias Hibari-san, se que lo harán — responde, reconfortante por sus palabras.

Aunque Hibari no lo decía por todos, él hablaba de si mismo, de que él apreciaba y apreciaría cada detalle de sus dibujos; desde la mínima arruga, los detalles de cada pliegue y las expresiones fáciles, a Hibari le gustaba todo lo que dibujaba, así fuera un mero boceto. Hibari admiraba el talento de Tsuna y le parecia maravilloso, como esas manos que estaban ‘destinadas’ a mancharse de sangre tras trabajar en la mafia; mucho antes podía hacer maravillosos paisajes y pinturas.No imaginaba al moreno haciendo algo diferente, nunca juzgo porque alguien ‘dame’ como él, podría tener semejante talento. Y Tsuna podía ser muchas cosas y hacer muchas cosas, pero nunca las relacionaria con su apodo, porque no lo es.

Pero tiene que pasar cierto tiempo para que el joven jefe se acostumbré a recibir reseñas positivas de sus pinturas, para que olvide aquellas burlas que recibió en el pasado, aquellas desdeñosas palabras que solo hicieron que quisiera ocultar lo que hace. Y su familia, afortunadamente está ahí, para ser sus mejores críticos, pero también sus fans número uno de su arte.

Y después, no solo pinta sobre acuarela, también en cuadros al óleo; pinturas con acrílico; también, mini esculturas con arcilla o barro; y cada vez, cada cosa, está tan bien guardada dentro de la mansión y una que otra ya está expuesta por todo el lugar.Cuando iba a vivir allá, como obsequio para Tsuna, y como forma de levantar su autoestima, decidieron exponer sus obras de arte con orgullo para que él y todo aquel familiar que visitara, admirara su talento y, sobre todo, no se avergonzara más, porque todo lo que hacía era precioso.

Precioso así como su cabello, cuando tiene pintura seca sobre las puntas; precioso aún cuando sus manos y su rostro tiene manchas por haber pintado durante horas; así como también sus overoles con manchas de todos los colores; y sus manos, con una que otras ampollas por pasar horas y horas boceteando o moldeando. Todos esos detalles, eran preciosos para Hibari, cada vez que veía al ahora joven de 23, salir de su estudió hecho un desastre.

Los trajes de marca fueron hechos a un lado, una vez que el papeleo era terminado y entonces finalmente era su hora de divertirse. Nadie lo iba a detener y preguntar porque no vestía formal, porque ya todos sabían que una vez se quitaba el saco, él ya no era un jefe, si no un simple joven que amaba expresarse con arte. Tanto así, tan contento estaba en su mundo de la creatividad, que no podía detenerse para pensar y observar a su solitario guardián de la nube, que hace tiempo albergaba sentimientos de amor por él.

Todos en la mansión podían notarlo, y a su vez que admiraban su paciencia, también le tenían un poco de lástima; es decir, por muchas veces que él estuvo ahí para ayudar en su taller cuando estaba desordenado; o todas esas veces que Hibari limpiaba la obvia mancha de pintura sobre la mejilla de Tsuna; también las veces que tomaba las manos llenas de ampollas entre las de él, solo para apreciarlas y con cariño acariciarlas. Y después, solo quería besar sus manos, pero pensaba que si el moreno no captaba ninguna de esas señales, el besar sus manos le parecería algo invasivo y no quería eso, al menos aún no.

Otro par de semanas tuvieron que pasar, quizás talvez un mes, cuando empezó a notar esos sutiles cambios y ese tipo de atenciones.

Cuando tenía que limpiar su estudio, su guardián de la Nube ya estaba ahí extendiendo un pequeño trapo húmedo para limpiar las salpicaduras que aún estuvieran frescas; mientras él se ocuparía de recoger sus materiales en sus respectivo lugar, para no perder el orden.

Otro día, que sin querer se lastimó la mano al precionar mucho un pincel, cuando iba a salir al final para buscar el botiquín, justo entro Hibari con la cajita; quien había decidido volver a llenar de sumistros por si su jefe volvía a necesitar ser auxiliado. Cuando el azabache noto como Tsuna sostenía su dedo levemente torcido con dolor, él acudió a revisarlo, con cuidado lo observó y al ver qué no era grave, suspiro.

Ese suspiro de alivio, puso en confusión el joven moreno de 23, ya que en sus tantos años de práctica nunca se habia herido tan grave y hasta el mismo le restaba importancia a los pequeños dolores por forzar algún movimiento o apoyarse mal. Y entonces Hibari, había simplemente suspirado en alivio por algo que no representaba peligro, Tsuna sintió cálido ser cuidado de esa manera .

Y luego, como si se tratase de una especie de recorrido por su recuerdos; lentamente podíavercada detalle cuidadoso que llegó a hacer Hibari alrededor suyo y él sin darse cuenta.Cada acción empezó a tener un sentido, cada gesto, por más silencioso y simple que fuera; era su guardián demostrando la atención que le tenía a cada cosa que hacía.

Se sintió...querido y no solo él, sintió que cada cosa, cada aspecto; desde su carácter serio como jefe, hasta cuando entraba en su modo creatividad y era un desastre, todos esos rasgos al parecer Hibari les había puesto atención y todo sobre él lo amaba.

« Apreciaré tus pinturas, lo prometo»recordó aquella vez que Hibari lo ánimo y lo trajo de vuelta.

Todo esté tiempo, había cumplido esa promesa.Todo esté tiempo lo hizo sentir especial, pero fue tan cuidadoso, que apenas captó todo.Pero quién iba a decirle que su guardian de la nube podía ser sutil y sabía atesorar a alguien por un largo, largo tiempo.

Tras ese descubrimiento, todo fue viento en popa, todos los coqueteos empezaron a ser bien recibidos y las pequeñas acciones, fueron un gran impacto para que poco a poco el corazón de Tsuna se sintiera inquieto ante el minimo rose de sus dedos, cuando Hibari ponía alguna curita o venda.

—Ten cuidado la próxima vez — decía en silencio.

—Lo siento, gracias — respondió con timidez, cosa que antes no sucedía, porque no estaba consciente de los sentimientos que lo envolvían.

Los guardianes e incluso el mismo Reborn, empezó a ver esto como algo positivo, finalmente su denso alumno tenía algo más en la cabeza que no fuera solo arte y pintar.

—Parece que finalmente has notado a Hibari — dijo aquella vez el azabache, mientras ayudaba al moreno con algunos papeles. Él estaba en su papel de jefe, así que intentaba tomárselo con seriedad hasta que su tutor menciono eso y lo hizo sonrojar

—Bueno, está siendo atento, como no podría — responde, encogiéndose de hombros

—Pues no lo hiciste durante 9 años, y Tsuna déjame recordarte que un jefe a los 24 ya tiene al menos prometido o alguien en mente, por supuesto la boda viene después pero— ¡Basta!— interrumpe el moreno, no con enojo, si no más bien con tanta vergüenza que tenía que cubrir sus ojos con los papeles que Reborn le había dado recién —Ya entendí, no...no tienes que hacerlo más obvio

Reborn rio bajito, triunfante por conseguir que su alumno comenzará a pensar en ello; pero además, él quería confirmar que los que Tsuna sentía no era simplemente apego o se sentía agradecido por recibir atención, si no que se trataba de cariño verdadero. Confirmo, pues, que el castaño tenía sentimientos verdaderos y puros ante su guardián y su guardián hacia su alumno; aunque claro, no sabía si los de Hibari eran totalmente puros.

Pero regresando al tema anterior, si que era verdad que cuando un jefe mafioso a los 24 todavía no tenía pareja, las familias a las que estuvieran aliadas empezarían a mandar solicitudes de matrimonio para pedir la mano del castaño; Reborn no quería presionarlos a una boda, solo quería que ambos jóvenes decidieran ser más abiertos entre ellos y finalmente admitieran el cariño mutuo. Y quizás, podía dar el último empujoncito.Se preocupaba mucho por Tsuna, y quería lo mejor; quería que ya no dudará ni se avergonzara de sus cualidades, que tuviera mas autoestima, por eso la insistencia de que viera que él era valioso a los ojos de ese guardián de la nube.

—El papeleo que queda puedes dejar que Gokudera y Yamamoto lo terminen, ellos siempre están dispuestos¿Sabes, Tsuna?— Reborn instó,cuando el castaño se estiró en su silla.

—Pero ellos no están y...

—Tsuna, solo ve con Hibari, el te está esperando en el jardín— señalo a la ventana lateral de la oficina que daba al jardin. Ahí, había una pequeña mesita para té, bajo la sombra de un arco de flores. Ahí también estaba la nube, esperando algo, no a Tsuna, porque él sabía que su jefe estaba ocupado y nunca sabía cuánto tardaría; pero si que desearía estar con él en su oficina. Sabía que ahora el que estaba ahí era el arcobaleno del sol, que lo amenazó con la mirada antes de poder él tomar su lugar.

—¿Me está esperando o parece que tú le dijiste algo?— ojos miel miraron desconfiado a su tutor, luego de mirar por la ventana

—Un poco de ambas. Ahora ve, o me veré en la obligación de darte más papeleo — y tras eso, el castaño salió corriendo de la oficina. A los pocos minutos ya estaba saludando al azabache sentado en una de las sillas; el tenía una expresión seria y silencia, pero cuando se encontró con la sonrisa del chico que amaba, hasta en él mismo se le dibujo una sonrisa, simple pero estaba contento de verlo finalmente libre del papeleo, aunque eso fue sorprendentemente rápido.

Rápidamente desplazó ese pensamiento y se concentro en lo que tenía al frente, tenía al chico bonito que hacía arte y además, era su jefe. Pero lo de jefe sobraba ahora, ahora era cuando ellos dos tenían ese inusual tiempo juntos y en silencio, donde contemplaban tantas cosas y sin hablar se entendían. Tsuna amaba las respuesta sencillas de Hibari, también los silencios que tomaba; porque las acciones cuidadosas y la atención, equilibraban la falta de palabras y realmente no le molestaba.

—Sabes, he estado pensando en mi próxima pintura— comento él, mientras avanzaban por el estrecho pasillos de flores formado de manera natural.

—¿Si? Seguro será muy buena. Tsuna, todo lo que dibujas es increíble— responde son sinceridad, mostrándole una sutil sonrisa, porque quiere que él le crea.

Que crea, que todo esté tiempo no estuvo detrás de él por simple capricho; si no que involucraban sentimientos fuerte de protección hacia su persona, con el único fin de hacerlo sentir único por sus talentos.

—Gracias...— responde tímido, mientras deja que el silencio reine y solo se escuche el sonido suave de las hojas al caer por el viento.

Hibari interrumpe el andar, lo que toma por sorpresa al moreno; entonces roba la atención de Tsuna tomando su mano, para que volteé y así sus ojos se encuentren. Ahí, bajo la sombra de verdes árboles; entre un pasillo de muchos colores de flores; y mientras deja que la luz del sol se filtre e ilumine, no solo el lugar, si no también ese agraciado rostro que tanto ama contemplar bajo pequeñas salpicaduras de pintura...

— Deberias pintar al Decimo Vongola— menciona, admirando la mirada de confusión que recibe, lo que solo hace que se divierta—Prometo apreciarlo

—Oh, así que solo al ‘Jefe Vongola’, entiendo, lástima que no lo conozco— Tsuna decidió retomar el camino, hombro con hombro, hasta que llegaron a una cúpula en el centro del jardín.Dentro, había un columpio para dos personas, que se mecía poco por el material del que estaba hecho—Y debe ser alguien importante, escuché que su guardián de la Nube es encantador —

—Escuche que se comprometería pronto— dice Hibari mientras se sienta en el columpio a lado del castaño. Entonces se comienzan a mecer lentamente

—¿Si? Me preguntó con quién, puede que tenga muchos pretendientes

Ante las pequeñas bromas que continúan, Tsuna se divertía y se preguntaba hasta donde iban a llegar con esta ‘demencia’ de no conocerse.Sin embargo, el columpio de repente deja de balancearse y Hibari está ahí, nuevamente mirandolo a los ojos.

—Yo creo que solo existe uno que puede atesorarlo realmente — confieza, seriedad reflejando en sus ojos metálicos — Tsuna, déjame apreciarte como se debe, siendo tu mi prometido

El corazón de Tsuna se detuvo por un micro segundo. No porque no esperara la propuesta, si no más bien, por las lindas palabras con las que su guardián se dirigió hacia él.

—Si, yo también quiero escogerte a ti. Kyoya, quiero quederme contigo —

Ahora nadie más podía reclamar la mano, ni el corazón del jefe Vongola, porque ya tenía dueño. Y ese alguien, se encargaría de cuidarlo y amarlo; como si fuera una obra de arte preciosa y valiosa; como si fuera la pintura más costosa jamás vista.Y como toda exposición de arte, debía ser apreciada.