¡Soldado femboy, reportándose!

All Rights Reserved ©

Summary

Esta es la historia de como un joven femboy ingresa al ejército para convertirse en un soldado muy macho. Pero pronto verá que es mas difícil de lo que parece 😉

Status
Complete
Chapters
7
Rating
5.0 3 reviews
Age Rating
18+

Bienvenido al Regimiento

Era una mañana fría pero soleada en el Regimiento N° 69 "Barbarrosa". Los reclutas recién llegados estaban en el patio central del lugar esperando al sargento que les daría la primera orientación.

Entre estos reclutas me encontraba yo, Dennis Flores, un recluta que siempre quiso ser militar como mi padre y motivado a ser el mejor soldado del regimiento. Aunque mi físico no me ayudaba con eso, tenia pelo blanco, facciones delicadas y por mas que hiciera ejercicios, no lograba desarrollar mucho musculo, pero a cambio de eso tenia mucho trasero y muslos gruesos que me acomplejaban un poco.

Estábamos esperando con nuestras mochilas y nuestra ropa de civil cuando de repente escuchamos una voz.

-¡ATENCIÓN! -Grito un hombre uniformado, acercándose a nosotros. -¡FORMENSE EN UNA HILERA!

Nos formamos lo mas rápido posible, tropezándonos con nuestras cosas, hasta formar una hilera mas o menos recta.

-¡Soy el sargento Cruz y soy su instructor senior en esta institución. A partir de hoy solo hablaran cuando yo les diga. La primera y ultima palabra que vomiten será "señor". Háganme saber que entendieron, pendejos! -Dijo el sargento mientras caminaba frente a nosotros en una pose muy recta. Era un hombre duro y estricto, de cabello corto, con expresión de enojo y botas impecablemente lustradas.

-Señor, si, señor. -Dijimos todos.

-¡Mierda, no los estoy escuchando, díganlo como si tuvieran huevos! -Gritó el sargento.

-¡SEÑOR, SI, SEÑOR! -Gritamos todos esta vez.

-¡Antes de comenzar su instrucción, se dirigirán de inmediato a la bodega e irán a buscar sus uniformes! ¡Firmes, marchen!

Nos quedamos mirando entre nosotros sin saber adonde quedaba la bodega, nadie nos había dicho antes.

-¡No se queden mirando como idiotas! ¡Nueva orden, CORRAN A LA BODEGA AHORA! -Grito el sargento apuntándonos en dirección a la bodega. Nosotros corrimos juntos en la misma dirección.

Ahí nos esperaba un Cabo, un hombre mas joven que el sargento con expresión indiferente, tenia un sujetapapeles con una lista y un lápiz en la otra mano.

-¡Atención, fórmense! -Dijo el Cabo y nos volvimos a formar frente a él. -Soy el Cabo Pérez, les entregare una bolsa con todo su uniforme, incluyendo las botas. Todas las bolsas tienen las medidas que nos mandaron por correo. ¡Se las entregare y cuando todos las tengan en sus manos, las revisaran y se aseguraran que no falte nada! ¡Después de eso, no nos haremos responsables si se pierde algo! ¿ENTENDIERON?

-¡Si, señor! -Respondimos todos.

-Bien. Iremos por orden alfabético. ¡Aguayo, Antonio! -Llamo el cabo leyendo la lista.

Un joven atlético de cabello negro y expresión confiada se formo frente a él. El cabo le entrego una bolsa grande llena de ropa.

-¡Arriaza, Benjamín!

Otro joven, mas alto que el anterior se formo frente a él, tenia cabello castaño y expresión nerviosa. También recibió su bolsa.

Así continuo el cabo llamando a los reclutas hasta llegar a mi.

-¡Flores, Dennis!

Me forme frente a él rápidamente. Él me miro de arriba a abajo sin decir nada, entonces me entrego mi bolsa y siguió llamando reclutas.

Después de un rato todos teníamos nuestra propia bolsa.

-Ok, revisen su bolsa y díganme si les falta algo. Cada bolsa tiene una lista con las prendas que deberían tener. -Dijo el Cabo Pérez mirándonos fijamente.

Revise mi bolsa y la compare con la lista. Tenia botas, pantalón, blusa, polera, chaqueta, quepis (gorro militar), calcetines y una boina. Estaba todo dentro.

-¿¡Tienen todo su equipo!? ¿¡A alguien le falta algo!? -Todos confirmaron que tenían su equipo. -Muy bien. ¡Tienen un minuto para vestirse y salir de aquí AHORA! -Dijo el cabo en voz alta.

Nos desvestimos frente a la bodega y comenzamos a ponernos nuestro nuevo uniforme. Tenia un poco de vergüenza de desnudarme frente a todos pero como todos estaban ocupados vistiéndose rápido sin prestarme atención, me sentí un poco mas seguro.

Me desvestí quedando solo en calzoncillos. Me puse la polera, la blusa, el quepis pero cuando me iba a poner los pantalones no los encontré.

Levante la mano para llamar al cabo.

-¿Que quieres, Flores? -Dijo él medio molesto.

-Mi cabo, no encuentro mis pantalones. Estaban en la bolsa pero ya no los encuentro.

El cabo tomo la bolsa de ropa, la dio vuelta en el suelo de concreto y miro entre las prendas, sin encontrar los pantalones.

-No se pueden haber perdido así como así. Búscalos. -Me ordenó.

Seguí buscando por todos lados mientras mis compañeros terminaban de vestirse. Fue entonces que llego el sargento.

-¡Atención, reclutas, ya es hora de que...! -Se detuvo al verme medio vestido. -¿¡Flores, por que no te has puesto los pantalones!? ¿Crees que el enemigo no te disparara porque estas mostrando las piernas?

-¡Mi sargento, se me perdieron los pantalones, los tenia aquí y desaparecieron! -Dije nervioso al sentir la mirada estricta de mi instructor.

Varios de mis compañeros se rieron, lo que no le gusto nada al sargento.

-¡¿DE QUE MIERDA SE RIEN?! ¡Si a un soldado se le pierde algo, todos sus compañeros lo deben ayudar a buscarlo! ¡Pónganse a trotar alrededor del Regimiento hasta que les digan que paren! ¡Tu también, Piernas, abróchate los cordones y trota con tus compañeros!

Nos pusimos a trotar por todo el contorno del regimiento varias veces, sentía las miradas de odio de mis compañeros mientras trotaba, al menos la blusa era lo suficientemente larga para cubrirme el trasero.

Después de un rato, el sargento nos ordeno detenernos, me arrojo unos pantalones de mi talla y nos mandó a las barracas para hacer nuestras camas y poner nuestras cosas en los casilleros.

No había sido un buen inicio para mi.


Ahora me encontraba guardando mis cosas en el casillero, sintiendo que todos me odiaban, cuando alguien se acercó a mi.

-Hola, Flores, ¿cierto? -Era el mismo joven que había sido llamado primero en la bodega, me estaba extendiendo la mano para saludarme. -Soy Antonio Aguayo pero todos me dicen Tony. Un gusto conocerte.

-Ah, hola, igualmente. -Le estreché la mano. -Y si, soy Flores. Perdona por hacerlos trotar el primer día, no se como se me pudieron perder los pantalones tan rápidos.

-No te preocupes por eso, yo se como funciona el Regimiento, mi hermano estuvo antes aquí y me dijo que siempre castigan a todos por culpa de uno solo. Dice que es para formar camaradería.

-Pues yo creo que hizo que me odiaran mas que otra cosa. -Mire alrededor esperando ver a alguien mirándome con odio, pero todos estaban ocupados haciendo sus camas o ordenando sus cosas... creo que supuse mal.

-Nah, no te preocupes. En una semana ya se olvidara todo. Oye, ¿ya escogiste una litera? -Me pregunto curioso.

-¿Eh? No, aun no.

-Yo encontré una en la orilla de las barracas y quería preguntarte si quieres dormir conmigo.

-¿¡En la misma cama!?

-En la misma litera, jajaja. No quiero que alguien hediondo o que hable dormido. Y tu no pareces ser de esos, ¿cierto?

-No, no, de hecho duermo como una piedra.

-¡Perfecto! Entonces te reservare una litera. Ahora, una ultima pregunta, ¿prefieres arriba o abajo?

Me quede un momento pensando a que se refería y entonces me di cuenta.

-¡Ah! Prefiero la cama de abajo.

-Ok, entonces parece que estaré encima tuyo desde ahora. -Me guiño un ojo y se fue a hacer su cama.

Yo lo quede mirando. Parecía ser del tipo bromista pero buena persona... al menos ya tenia un amigo aquí adentro y eso mejoro mi humor. Espero poder hacer mas amigos aquí.

3 meses después.

Estos primeros meses no disparamos nada ni aprendimos ninguna táctica militar. Nuestra rutina se basaba en levantarnos, asearnos, desayunar, trotar y hacer ejercicios, aprender como obedecer ordenes, almorzar, trotar mas y cada día, nos castigaban por cualquier cosa. No importa si era algo insignificante, todos debíamos ser castigados, haciendo flexiones, arrastrándonos punta y codo o cualquier cosa que se le ocurriera al sargento.

Al menos Tony y yo nos convertimos en buenos amigos, nos dábamos ánimos al trotar, nos ayudábamos al momento de hacer aseo, conversábamos mientras lustrábamos nuestras botas y se comía los pimentones de mi comida (que yo odiaba)

Pero había algo que me tenia preocupado, y era que Tony por las noches, tipo 2 am, se masturbaba bajo las sábanas. Él creía que nadie lo escuchaba pero sentía el movimiento de la litera cuando lo hacia. Era mi amigo pero después de tanto tiempo juntos, tenia que decirle algo.

Una noche donde todos dormían, Tony se levantó para ir al baño, el momento perfecto para hablar con él a solas.

Lo seguí y lo detuve antes de que entrara a una de las cabinas de baño.

-Oye Tony, ¿me das un momento para hablar contigo? -Dije sujetándolo del hombro. Ambos vestíamos pijamas.

-¡Ah, Flores! ¿Podrías esperar un momento? -Dijo Tony sin darse la vuelta.

-Solo quiero decirte algo rápido, solo tomara un minuto.

-Ok, pero después de que pase al baño, en serio necesito ir. -Dijo aún dándome la espalda.

-Seré muy rápido... ¿podrías darte vuelta? Es complicado hablar así -Tony se dio vuelta avergonzado, con una enorme ereccion levantando su pijama.

-¡Wow! Ahora entiendo a lo que te referías. Perdona, volveré mas tarde. -Dije intentando excusarme, pero Tony me tomo de los hombros y me metió con él a la cabina cerrando la puerta.

-¡Lo siento, Flores, pero ya no aguanto más! Tu cuerpo es demasiado femenino y sexy, todos los que estamos aquí nos damos cuenta, sobre todo en las duchas. Yo te he defendido de los otros reclutas que se quieren acercar a ti, pero también me cuesta contenerme al verte. Por eso me masturbo todas las noches pensando en ti, para poder controlarme. -Tony me dijo mientras su miembro me apuntaba.

-Vaya, no tenia idea...¿piensas que soy muy femenino? -Me sonrojé. -Aun así, gracias por defenderme. Creo... que puedo devolverte el favor.

Me arrodille frente a él y le baje el pantalón del pijama. Su verga salió ansiosa hacia adelante, palpitando.

-¡No lo puedo creer, gracias Flores! ¡Gracias, gracias! -Tony sujeto mi cabeza e introdujo su verga en mi boca abierta.

La tenia dura y salada, de un solo envión llego hasta mi garganta lo que me dio un poco de arcadas, pero el solo continuo embistiendo su miembro en mi boca, como si estuviera desesperado. Me sujete de sus muslos para tener un punto de apoyo mientras él movía mi cabeza para adelante y para atrás. Era mi primera vez haciéndole un oral a alguien por lo que me resultaba difícil respirar, pero hice mi mejor intento para complacer a mi único amigo que tenia hasta el momento.

Tony estuvo varios minutos cogiéndose mi boca hasta que llego a su limite, metió todo su miembro en mi garganta y se vino con fuerza dentro de mi boca. No podía separarme de su verga ya que me tenia sujeta la cabeza así que intente tragarme toda su leche caliente y espesa, aun así cayo un poco al suelo por la gran cantidad que había soltado. cuando al fin dejo de sujetarme, tosí el resto de semen mientras me lagrimeaban los ojos por el esfuerzo.

-Muchas gracias Flores, ahora si podre controlarme mejor. -Me ayudo a levantarme.

-¡Cof, cof! Si, si, lo que sea. Ahora salgamos de aquí antes de que nos descubran.

Volvimos a nuestra litera sin que nadie se enterara de lo que paso.

-Oye, Flores. - Me susurro Tony desde la cama de arriba. -¿Podemos hacerlo de nuevo mañana?

-¡No, claro que no! Fuiste muy brusco con mi boca... pero te dejare usar mis muslos y quizás mi trasero, ¡pero sin meterlo! -Le susurre de vuelta.

-Mucho mejor. Ok, hasta mañana.

-Ya duérmete.

Puse mi cabeza en la almohada aun intentando procesar lo que había pasado. Nunca espere hacer esto dentro del ejercito, pero Tony era mi amigo mas cercano y siento que se lo debía. Además me estaba protegiendo de otros reclutas. ¿En serio creían que mi cuerpo era muy femenino?

Me quede dormido sin darme cuenta.