chéri

Summary

tu sangre me da vida, chéri.

Genre
Fantasy
Author
луна
Status
Complete
Chapters
15
Rating
n/a
Age Rating
16+

01

—¡Kim!

Kim Seungmin despertó de golpe, sentándose con la espalda recta tan rápido en su silla que su bloc de notas se deslizó de la mesa y cayó al suelo. Parpadeó durante unos instantes, confundido acerca de que lo había sacudido de su sueño.

—¡Kim!

—¡Sí, señor!— oh sí, él estaba en clase, en la clase de filosofía del profesor Song por cierto. El hombre era atemorizante, no sólo porque hablaba en un constante tono monótono que le hacía querer pincharse sus globos oculares con un lápiz, sino también porque el profesor reprobaba a cualquiera en un segundo. La única razón por la que estaba tomando la clase era porque necesitaba un crédito en filosofía para obtener su título.

—El decano quiere verte en su oficina.

—Sí, señor.— Seungmin se agachó y tomó su libreta del suelo y la puso sobre su escritorio. Podía oír a algunas pequeñas risitas disimuladas en torno a él, pero prefirió ignorarlas. En primer lugar, estaba acostumbrado a la gente riéndose de él, y segundo, ya estaba bajo la mirada del profesor Song. No necesitaba añadir nada a eso.

—Ahora, Kim.

Las cejas de Seungmin se alzaron.— ¿Ahora, señor?

—Ahora.

Seungmin rápidamente recogió sus cosas y las metió en su mochila. Podía oír la risa a su alrededor incrementarse cuando el profesor suspiró profundamente. Dios, así él no iba a pasar esta clase. Tenía pesadillas acerca de tomar la clase del profesor Song una y otra vez hasta que su cabello se volviera gris. Agarró su mochila y la balanceó por encima de su hombro y subió corriendo los escalones del aula hacia la puerta.

Oyó al profesor regresar a su monótono discurso que podía hacer a los muertos caer dormidos, cuando la puerta se cerró tras él. No tenía idea de por qué el decano quería verlo. Trataba de permanecer fuera del radar tanto como era posible. Estaba respirando pesadamente para cuando llegó al otro lado del campus universitario donde se encontraba la oficina del decano. Aunque sabía que había sólo unos pocos pasos hasta el frente del edificio, estos se sentían como un centenar. Tener dos trabajos y asistir a la universidad a tiempo completo estaba empezando a hacer mella en él. Estaba exhausto. Sus pies se sentían como si estuvieran cargados con cemento mientras subía las escaleras.

Entró en el edificio, luego caminó por el pasillo hasta la oficina del decano. Tomando una respiración profunda para calmar sus nervios, Seungmin abrió la puerta y entró. Le sonrió al recepcionista y se detuvo frente a su escritorio.

—Hola, soy Kim Seungmin. Me dijeron que me reportara en la oficina del decano.

—Por favor tome asiento, señor Kim— dijo el recepcionista mientras tomaba el teléfono—. Voy a informar al decano que usted está aquí.

—Gracias.

Escuchó al recepcionista hablar por teléfono mientras se giraba y se acercaba a una de las dos sillas situadas a lo largo de la pared junto a la puerta. Antes de que pudiera sentarse, la puerta del decano se abrió y un hombre en un traje azul muy caro salió, sus ojos buscaron en la oficina exterior hasta que se posaron sobre él.

—Señor Kim— dijo el hombre mientras le tendía la mano—. Soy el Decano Kang.

Seungmin se irguió y afirmó sus piernas en el lugar. Sus rodillas se sentían como que fueran a ceder.

—Hola, señor.

—Por favor, venga a mi oficina donde podemos hablar.

La agitación lo llenó mientras seguía al decano a su despacho. Por lo que podía recordar, estaba pasando todas sus clases. Ni siquiera tenía faltas. ¿Por qué el decano quería verlo? No estaba muy seguro de querer saber la respuesta, aún así estaba demasiado ansioso por averiguarlo.

—Por favor,— el decano hizo un gesto con la mano hacia una silla frente a su escritorio—. Tome asiento.

Seungmin sintió un nudo en la garganta mientras se sentaba. Se secó las manos sudorosas en la parte delantera de sus pantalones mientras su corazón latía fuera de control.

—¿Estoy en algún tipo de problema?

—Oh Dios, no. Sólo quería comprobar y ver cómo lo estás haciendo.

—¿Haciendo?— estaba tan confundido. Ni siquiera sabía que el decano sabía quién era. Nunca había conocido al hombre. ¿Por qué diablos quería saber ahora cómo lo estaba haciendo?—. Lo estoy haciendo bien, supongo.

—¿Tiene algún problema en alguna de sus clases?

—No que yo sepa.— Seungmin frunció el ceño—. ¿Por qué? ¿Hay algo que debo tener en cuenta? ¿He perdido una materia?

—No que yo sepa.— el decano sonrió ampliamente—. He oído sólo cosas buenas de tus profesores.

¡Mierda! ¿El decano había hablado con sus profesores?

Seungmin aferró las correas de su mochila firmemente en sus manos.— No entiendo. Si lo estoy haciendo bien y no estoy en problemas, ¿por qué me ha llamado aquí?

—Estoy seguro de que puedo explicarlo si quieres sólo...— el decano dejó de hablar cuando algo sonó, y se inclinó para presionar un botón en su teléfono—. ¿Sí, Kwon?

—Su próxima cita está aquí, señor Kang.

—Bien, bien.— el decano sonrió incluso más ampliamente, lo cual Seungmin no creía que fuera posible. Parecía que su rostro estaba a punto de partirse en dos—. Por favor, envíalo aquí.

Seungmin empezó a tener una fría sensación premonitoria cuando el decano se levantó y caminó hacia la puerta, alisando su corbata. Sus dedos casi estrangularon las correas de su mochila mientras se levantaba y se volvía para enfrentar a quien fuera que iba a venir a la oficina del decano. Tenía una idea bastante buena, y si él tenía razón, no dudaría en irse. Su corazón latió más rápido cuando la puerta se abrió lentamente. Echó una mirada al hombre que entró caminando y balanceó su mochila sobre su hombro. Se dirigió a la puerta, evitando la mirada inquisitiva del otro hombre, y le tendió la mano al decano.

—Gracias por reunirse conmigo, decano Kang, pero tengo que volver a clase.

—Oh, pero...— el decano tartamudeó, mirando hacia atrás y hacia adelante entre Seungmin y el hombre de pie junto a su escritorio. Sus cejas se juntaron arrugándose como si estuviera completamente desconcertado.

—Seungmin,— dijo el otro hombre severamente —Te quedarás.

—Wow.— Seungmin se volvió hacia el hombre—. Recuerdas mi nombre.

—¡Hijo!— advirtió el hombre, sus cejas se arrastraron en una profunda arruga, una que Seungmin había visto más veces de las que podía contar. Solía asustarlo a morir. Ahora, sólo lo hizo enojar.

—Padre.

—Tenemos que hablar, Seungmin.

—Creo que todo lo que tenía que decirse entre nosotros se ha dicho.— se dirigió hacia la puerta—. Buen día, padre.

—Tu hermano está enfermo.

Seungmin se detuvo en la puerta y lentamente se volvió hacia su padre. El hombre era conocido por mentir para conseguir lo que quería. No sabía si podía confiar en las palabras que salían de su boca.

—¿Cuán enfermo?— preguntó.

—Está en el hospital conectado a un respirador.

—¿Qué pasa con él?— odiaba a su padre. No odiaba a su hermano, incluso si ya no hablaban. Jeongin no le había dicho ni una palabra desde el día que él se había mudado de la casa de sus padres. Pero todavía era su hermano.

—Está en coma.

—¿En estado de coma?— susurró —. ¿Qué dicen los médicos?

Sabía que su padre habría pagado por los mejores médicos del país. Jeongin era su chico dorado, su heredero. Y, a diferencia de él, Jeongin era hetero. Kim Yugyeom puso todo en su hijo menor, toda su atención y los sentimientos emotivos que pudiera tener. Desde luego, no los compartía con su hijo gay.

—Los médicos no saben lo que está mal con él.— Yugyeom frunció el ceño de nuevo, dándole una pista de que había algo más. Su padre daba señales. Fruncir el ceño era una de ellas—. Es por eso que estoy aquí.

Seungmin estaba confundido.

—¿Porque estás aquí?— preguntó, inclinando ligeramente la cabeza—. Sé que no has venido todo este trayecto para decirme que Jeongin está en el hospital. Una llamada de teléfono de tu asistente habría hecho eso.

—Necesito una muestra de tu sangre, hijo.

Seungmin pensó que sus ojos podrían haberse salido de su cabeza mientras miraba a su padre. —¿Mi sangre?

—Los médicos creen que hay algo malo en la sangre de Jeongin. Como eres su hermano, quieren una muestra de tu sangre para examinarla y así poder ver si tienes una anomalía similar o si sólo es él.

Había algo en esa explicación que no le cayó nada bien, pero maldita sea si podía comprenderlo. Sus instintos le estaban gritando que corriera y nunca mirara hacia atrás. Pero era de Jeongin de quien estaban hablando. Ya sea que a él le gustara o no, se quedaría a escuchar.

—¿Qué hay de mi madre o de ti?— preguntó. Él no era el único pariente de sangre de Jeongin.

—Ya nos han examinado. Ninguno de los dos es una buena coincidencia para tu hermano.

Eso llamó su atención. Su padre le había dicho que estaban buscando una anomalía, no una coincidencia.

—¿Una coincidencia para qué?

—Si tu sangre es igual a la de Jeongin, le pueden dar una transfusión que esencialmente podría salvar su vida.

—¿Qué tan enfermo está?

Yugyeom cruzó los brazos detrás de su espalda y le dio una mirada severa. —Pagaré por los cuatro años completos aquí en la universidad en cualquier campo que desees estudiar si estás de acuerdo en darme una muestra de tu sangre y dejas de hacer preguntas estúpidas.

Seungmin pensó en los dos trabajos que mantenía para pagar su escolaridad y mantener un techo sobre su cabeza. Apenas había suficiente para conseguir alimento en su estómago. Trabajaba largas horas en los dos trabajos, mientras llevaba una carga completa de clases. Era la única manera en la que podía permitirse el lujo de pagar su educación. En el segundo que Kim Yugyeom se enteró de que su hijo mayor era homosexual, lo había mandado a la mierda. Se negó a pagar por su educación o incluso ayudarlo con un apartamento. Sólo le dio dos horas para recoger sus cosas y salir de la propiedad de la familia. Seungmin apenas tenía pocos wones en su cuenta bancaria cuando salió de su casa, un regalo de una tía cuando falleció, el coche que le habían dado para su vigésimo primer cumpleaños, y algunas cajas de objetos personales. Todo lo que había ganado en los últimos tres años lo había ganado por su cuenta.

—No quiero tu dinero.

—¿Qué quieres?

—Quiero que me dejes en paz de una puta vez.

—Hecho.

—Lo dijiste demasiado rápido. ¿Por qué no puedo creerte?

—Estoy diciendo la verdad, hijo, y voy a firmar cualquier cosa que quieras para ese efecto si estás de acuerdo en darme la muestra de sangre que quiero, y donar la sangre necesaria si eres una buena coincidencia.

Los ojos de Seungmin se estrecharon. Su padre estaba aceptando su demanda demasiado fácil. Tenía que haber una trampa, pero maldita sea si podía encontrarla.

—Bien, ten algo preparado, y te daré una muestra de sangre.

Yugyeom metió la mano en el bolsillo de su chaqueta y sacó su teléfono celular. —Jinyoung, por favor ven a la oficina del decano, y trae a Lee contigo.

La mandíbula de Seungmin cayó cuando su padre cerró de golpe su teléfono y lo dejó caer de nuevo en el bolsillo.

—Sabías que iba a estar de acuerdo. Ya tenías todo preparado.

—Por supuesto.

Odiaba la mirada de suficiencia en el rostro de su padre. Lo que daría por ser capaz de arrancarla de su cara...

—¿Qué habrías hecho si hubiese exigido el dinero?

—Pagarte.

Lo imaginaba.

Antes de que pudiera contestar (no es que supiera exactamente lo que habría dicho tan confundido como estaba), la puerta detrás de él se abrió y dos hombres entraron. Al primero lo reconoció como Jinyoung, el asistente que nunca estaba lejos del lado de su padre. Seungmin estaba bastante seguro de que ellos pasaban más tiempo juntos del que su padre pasaba con su madre. Al otro chico no lo reconoció. Lo habría recordado si se hubiese encontrado con él antes. Además del hecho de que su cabello morado no pasaba desapercibido, había un brillo en sus oscuros ojos que lo hizo temblar como si una corriente de aire frío súbitamente hubiese estallado a través de la habitación. Seungmin no podía estar seguro, pero algo le dijo que tuviera mucho cuidado con ese hombre.

—¿Tienes los papeles, Minho?— preguntó Yugyeom.

—Por supuesto, señor.— Minho puso su maletín en el escritorio del decano y lo abrió. Sacó un archivo y se lo entregó a su empleador —. Esto es todo lo que necesita.

—Muy bien— dijo Yugyeom mientras abría el archivo y leía lo que fuera que había dentro. Después de un momento, cerró el archivo y se lo entregó a su hijo—. Encontrarás que todo está en orden, como dije que lo estaría.

Seungmin tomó el archivo de su padre y lo abrió. De alguna manera, no se sorprendió cuando encontró un contrato legalmente vinculante dentro. Lo leyó por encima rápidamente. No era tan versado en leyes, pero el contrato parecía bastante simple. Incluso podía ver el garabato de la firma de su padre en la parte inferior de la página.

El hombre debería haber sido un médico en lugar de un banquero de inversión. Su firma era horrible. El contrato era bueno y breve, simplemente una sola página. Si él accedía a suministrar a su padre un análisis de sangre y donar la sangre necesaria a la persona apropiada, si demostraba ser compatible, su padre prometía nunca contactarse con él otra vez. Por mucho que trató de ver la trampa escondida en el contrato, no pudo encontrar ninguna. Cuando cerró el archivo, su padre le tendió una pluma.

—Si firmas el contrato, podemos seguir adelante con esto. Lee está aquí para extraer la sangre, y ver si eres una posible coincidencia.

Seungmin frunció el ceño y miró a su alrededor.

—¿No debería ir al hospital para que me saquen sangre o algo así?

—Por favor, perdone mi intromisión, señor Kim,— dijo Lee mientras daba un paso adelante —Pero yo soy un flebotomista capacitado. Puedo tomar su sangre y hacer el análisis aquí mismo. Y sólo necesito una gota de su sangre para realizar mi análisis.

Seungmin parpadeó sorprendido, en primer lugar, por la suave forma de hablar del pelimorado y, en segundo lugar, porque había pensado que el chico estaba hablando con su padre cuando dijo señor Kim.

—Uh, supongo que estaría bien.

—Entonces firma el contrato, Seungmin— dijo Yugyeom —. Es por el bien de tu familia.

Seungmin pensó que era una afirmación extraña cuando estaba haciendo esto por su hermano, no por toda su familia, pero teniendo en cuenta que Jeongin era el chico dorado, suponía que tenía sentido. Tomó la pluma que su padre le ofrecía y firmó el contrato. Apenas tuvo tiempo para bajar la pluma antes de que el contrato fuera arrancado de sus manos. Él frunció el ceño cuando su padre lo miró y luego se lo entregó a Lee. No tenía idea de por qué el flebotomista necesitaba ver el contrato. Era entre él y su padre.

—Qué...

—Por favor, pase por aquí y tome asiento, señor— dijo Lee mientras doblaba el contrato y lo guardaba en su bolsillo. Se agachó y tomó un bolso negro del suelo y lo llevó a la silla próxima a la que le había indicado. Los instintos de Seungmin le gritaban otra vez. Le estaban diciendo que corriera lejos y que corriera rápido y lo hiciera ahora pero por su vida, no podía entender por qué. Había algo raro en toda esta situación. Simplemente no podía entender exactamente qué. Sin una buena razón para negarse, Seungmin cruzó la habitación y se sentó, dejando su mochila en el suelo junto a él.

—Por favor, deme su mano.

Le habían sacado sangre en el pasado. Sabía cómo se hacía. Extender su mano no era parte de ello.

—¿Por qué?

El pelimorado sonrió, lo cual era suficientemente extraño en sí mismo, y levantó un dispositivo negro del tamaño de un teléfono celular. —Si recuerda, sólo necesito una gota de su sangre para ver si son compatibles. Una gota de su dedo lo hará muy bien.

—¿Es uno de esos lectores de glucosa?— Seungmin preguntó mientras le tendía la mano.

—En muchos sentidos es similar, pero no lo uso para leer los niveles de glucosa en la sangre.

Seungmin se sobresaltó cuando sintió un pequeño pinchazo. No le dolió, sólo lo sorprendió. Lee presionó una bola de algodón en la punta de su dedo y luego se giró a su bolsa. Su curiosidad creció al ver al pelimorado sacar un frasco de un líquido color rojo oscuro. El chico abrió la parte superior del dispositivo de tipo celular con el que había extraído su sangre, revelando un pequeño cuadrado con papel blanco en su interior. Colocó una gota del líquido de color rojo oscuro del vial en el pequeño cuadrado blanco y cerró la tapa.

El pelimorado le sonrió. — Esto no debe tomar más de un momento.

Seungmin le devolvió la sonrisa. Su nerviosismo no estaba mejorando. Su padre estaba de pie al otro lado de la habitación con las manos cruzadas detrás de él, pero podía sentir el peso de su mirada, incluso desde allí. Jinyoung, a quien él nunca le había gustado, estaba cerca de Yugyeom, casi flotando. El decano sólo lucía confundido mientras permanecía de pie junto a la puerta.

Seungmin saltó cuando el dispositivo de repente sonó. Una sonrisa empezó a extenderse por el blanquecino rostro de Lee cuando bajó la mirada hacia él.

—¿Bien?— espetó Yugyeom.

—Es como usted ha dicho, señor Kim—respondió—. El contrato será honrado.

—Bien. Espero oír de ustedes al final de la semana.

Seungmin parpadeó confundido cuando su padre se volvió sin decirle una palabra y salió de la oficina, con Jinyoung rápidamente sobre sus talones. Yugyeom ni siquiera se detuvo para estrechar la mano con el decano. Sólo se fue.

Seungmin volvió su atención hacia el otro chico en la habitación, viendo cómo reponía todo en su bolsa.

—¿Qué va a ocurrir ahora?

—Usted es perfectamente compatible, como su padre dijo que sería. Nuestro contrato con su familia será respetado.

Seungmin se puso de pie y comenzó a retroceder. Sabía que había una jodida trampa. —¿Qué contrato con mi familia?

Lee estaba frunciendo el ceño cuando levantó la vista de su bolsa. —El contrato que firmó.

—Firmé un contrato con mi padre, no contigo.

El pelimorado dio unas palmaditas en el bolsillo de su chaqueta. — Tengo su contrato firmado justo aquí, señor. El contrato es entre usted y mi empleador.

— No, no.— Seungmin movió sus manos hacia atrás y hacia adelante —. Vi la firma de mi padre en el contrato. Es entre él y yo.

Minho dejó escapar un profundo suspiro y abrió su bolso, buscando en el interior. —Me temo que esa no era la firma de su padre, señor. Se trata de la firma legal de mi empleador.

El miedo se disparó en él cuando el chico se dio la vuelta con una jeringa en la mano y comenzó a avanzar a través de la habitación hacia él. Seungmin se lanzó hacia la puerta, pero la encontró bloqueada por dos grandes hombres que no había visto antes allí. No se movieron hacia él, sólo bloqueaban la salida.

— Señor, por favor...— dijo Minho mientras lo seguía por la habitación—. Está haciendo esto mucho más difícil de lo que tiene que ser.

Seungmin esquivó al chico cada vez que se acercaba. Él no iba a dejar que un extraño lunático le inyectara una extraña sustancia azul.

—¡Mantente lejos de mí!— gritó.

Minho volvió a suspirar y luego hizo un gesto a los dos grandes hombres que cuidaban la puerta.

—Tengan cuidado. Saben a quien tienen que enfrentarse si dejan una sola marca en él.

Los hombres asintieron y avanzaron. Seungmin estaba encerrado. Sabía que era infantil, pero se puso a gritar tan fuerte como pudo cuando lo agarraron y lo mantuvieron en su lugar. Lee se acercó y tranquilamente inyectó el líquido azul en su brazo.

—Ahí tienes, ¿no fue tan malo, verdad?

—¡¿No fue tan malo?!— gritó—. Acabas de...

Seungmin cayó cuando cada músculo de su cuerpo dejó de funcionar. Sintió que alguien lo atrapaba justo antes de caer al suelo. Lo último que vio fue al chico de cabello morado negando con la cabeza y suspirando profundamente, y luego nada.