Capítulo 1
Casi terminaba el día cuando un característico e intenso aroma a vainilla inundó la sala de emergencias del hospital público del este de Salt Lake City.
Muy pronto, aquella fragancia llenó el ala sur del edificio. Ningún doctor sabía qué estaba ocurriendo, ese olor era demasiado dulce para el gusto de los presentes. Parecía que un omega había tomado un potenciador de aroma estando en celo y hubiera ido al hospital solo para molestar a los alfas en él.
Pero a Dallon esa posibilidad no le pareció muy real. Al bajar las escaleras, encontró el primer piso hecho un caos. Los doctores y enfermeras betas y omegas trataban de alejar a todos los alfas de allí. Aunque ese aroma era fuerte, tuvo que admitir que también olía muy bien; no muchos parecían pensar igual que él, había alfas sudando, uno vomitaba en la esquina, otro se aferraba a una pared como si de eso dependiera su vida. Dallon frunció el ceño. Algo no cuadraba.
Se acercó a Breezy, su amiga enfermera, que estaba organizando el retiro urgente de pacientes y personal alfa y le preguntó qué ocurría. Ella se dio vuelta y lo miró sorprendida, si para una beta como ella aquel aroma se sentía muy fuerte no quería imaginar lo que era para Dallon.
—¿Qué haces aquí? —le gritó—. Solo betas y omegas pueden quedarse.
—Tranquila, no me está afectando tanto —respondió él, aunque su mandíbula tensa y el leve rubor en su cuello lo delataban.
—¿No te está afectando? ¡Dallon, mira tu cara! —exclamó Breezy, empujándolo por el brazo para que retrocediera—. ¡Tienes que irte!
Antes de que él pudiera replicar, vieron pasar un grupo de enfermeras llevando una camilla. Una figura inconsciente, joven y muy delgada, yacía sobre ella. Su sangrado era tal que dejaba un rastro por donde pasaba. Pronto Dallon descubrió que no solo de sangre era el rastro.
—Él... es su... —empezó a balbucear—, ¿quién es?
—Dallon, tienes que salir de aquí, hablo en serio.
—Solo quiero saber...
—No sabemos quién es —Breezy hizo una pausa—, o qué es. Jamás había visto algo así.
—Pero... —Dallon dio un paso hacia adelante, como queriendo seguir el rastro del aroma. Breezy lo detuvo con una mano firme.
—Tienes que irte, no es seguro que te quedes.
Dallon asintió. En ese instante, una alarma empezó a sonar, se encendieron unas luces de emergencia rojas y por los parlantes se escuchó una voz que indicaba que el área de emergencias y el tercer piso del ala sur debían ser evacuados de alfas inmediatamente.
—Bien, ya me voy, jefa, pero mantenme informado, por favor.
—¡Sí! Ya vete.
Dallon se alejó de la zona y fue a ayudar a los pacientes afectados fuera del área restringida. Sin embargo, aún tenía ese aroma a vainilla grabado en la mente.
—Necesito una muestra de su sangre.
Fue lo primero que dijo Dallon cuando llegó al lado de Breezy. Las luces eran tenues y una alarma silenciosa indicaba “Peligro biológico” en rojo. El aire seguía denso, casi dulce al punto de marear. Habían pasado unas cuatro horas desde que el extraño omega llegó al hospital y las cosas solo habían empeorado. Muchos de los pacientes alfa tuvieron que ser trasladados a los hospitales aledaños para no sufrir las consecuencias del aroma intenso. El mismo Dallon había ayudado con la evacuación y tratamiento a pesar de haber sido afectado ligeramente.
Breezy dio un salto al escuchar la voz de la nada y abrió los ojos. Aún con su mascarilla especial, ella se las arregló para mostrarse sorprendida ante la presencia de Dallon y lo miró como si se hubiera vuelto loco.
—¿Sangre? —él asintió—, ¿quieres su sangre? —Dallon volvió a asentir—. Su sangre está por toda la entrada, ve a buscarla allí.
—Hablo en serio, Breezy.
—Yo igual.
—Quiero ayudar. Sé lo que estoy haciendo.
—No, no sabes, ni siquiera deberías estar aquí. Toda el ala sur está restringida para alfas. Yo siento que me voy a desmayar, tú debes estar a punto de colapsar. Así que hazme un favor y sal de aquí ahora. —Le dijo Breezy con firmeza y señalando la salida.
Dallon no se movió.
—Vete, ¡ahora! —La rubia empezaba a perder la paciencia.
—Mira, Bree —empezó Dallon y la asió de un brazo para llevarla a un cuarto vacío donde no los escuchasen, ella se soltó de inmediato cuando él cerró la puerta.
—No vuelvas a hacer eso —le recriminó con los ojos entrecerrados.
Dallon hizo un gesto con la mano y continuó:— Puedo ayudar a este chico. Hace unos años encontré la forma de ayudar a un omega a regular su aroma con un supresor que hice solo para él usando su sangre.
Breezy levantó una ceja, sarcástica.
—¿Es en serio? Dallon, este omega es un completo desconocido, está medio muerto y su aroma está afectando a todo el lugar.
—Solo te pido que confíes en mí. Si consigo una muestra de su sangre, tal vez pueda adaptar la fórmula que ya tengo.
Breezy se le quedó mirando, su expresión cambió de exasperación a preocupación. No había escuchado a su amigo tan desesperado en mucho tiempo.
—¿Y si su cuerpo no lo soporta? Él está grave. Tiene fracturas, fiebre, el sistema inmunológico por los suelos… no puedo simplemente dejarte pincharlo como si nada.
Dallon dió un paso hacia adelante para acercarse a ella y empezó a hablar con voz baja, sincera.
—No lo haré sin tu autorización, Breezy. Solo avísame apenas esté estable. Lo único que necesito es una pequeña muestra.
La rubia suspiró y se llevó una mano a la cabeza. Parecía estar teniendo una lucha entre su profesionalismo y su amistad con Dallon.
—Dioses, me vas a meter en problemas, pero si tienes alguna forma de ayudarlo sin que terminemos todos como zombies hormonales, te voy a ayudar. —El rostro de Dallon se iluminó con una sonrisa, pero ella no pudo verlo por la mascarilla que él también llevaba—. Te aviso en cuanto esté mejor.
—Muchas gracias, Bree —la abrazó, emocionado. Y, antes de irse, ella lo detuvo, levantó un dedo para denotar seriedad y le dijo:
—Si te transformas en un perro en celo en mitad del laboratorio cuando tengas la muestra, ni pienses que voy a aguantarte.
Dallon soltó una risa y asintió, casi como un perrito al que se le perdona una travesura. O al menos así lo vió Breezy mientras se iba del lugar.