Capítulo 1: Noche de paz
La nieve caía suave sobre Boulder. La acera, calles, tejados, jardines, patios todo estaba cubierto por una espesa manta blanca que reflejaba la luz del sol. 19 de Diciembre de 2025, a unos cuantos días para navidad, la ciudad se encontraba inmersa en una calma que solo el invierno podía traer.
El aire helado mordía la piel, pero Elena apenas se inmutaba, iba caminando a paso firme en dirección a su departamento, su aliento formaba pequeñas nubes frente a su rostro con cada respiración, y sus botas rechinaban con cada paso que daba.
Su vecindario alejado de la zona turística de Boulder, con sus antiguas casas de madera, y edificios recién construidos, estaban vestidos ya para la temporada: Tejados cubiertos con tiras de luces en todos los colores, coronas verdes en las puertas, y figuras inflables de todos los tamaños y formas.
Esta vista la hacía emocionarse, esta era su época favorita del año y no solamente por las fiestas. Se acomodó su bufanda con una mano, mientras con la otra sostenía una bolsa de papel, llena de provisiones.
Cuando apresuró el paso, su celular comenzó a sonar, sentía la vibración, lo tenía escondido en algún lugar de su vieja chamarra café de la suerte. La melodía de "la marcha imperial" lo delataba, no era otro que Vicent, su ex-novio. Le había marcado mucho últimamente, más de lo usual, pero por azares del destino siempre que iba a contestar, dejaba de sonar y al tratar de regresar la llamada, no había línea, tal vez su número era confidencial ahora que era militar, o al menos eso pensó.
—¡Por un demonio! ¡Siempre igual!
Elena dejó de buscar y continuó su camino acompañada por la "marcha imperial", hasta que esta dejó de sonar cuando llegó a la esquina.
Un par de cuadras más adelante llegó a la nueva zona de departamentos, edificios de A a D, de siete pisos cada uno, recién construidos a las orillas de un parque, debido al crecimiento de estudiantes que venían a la prestigiosa Universidad de Colorado, de donde Elena orgullosa tenía ya su B.S. en ingeniería Arquitectónica.
Subió por las escaleras del edificio A, con extremo cuidado, pues los escalones estaban resbaladizos por una ligera capa de humedad cubriéndolos. Llegó al segundo piso y abrió la puerta.
Dentro el ambiente era acogedor y cálido, se quitó la chamarra, y cambió las botas por un par de pantuflas en el recibidor, y bolsa en mano se adentró por el pasillo.
—¿Claire? —murmuró asomándose a la sala, donde escuchó ruido.
Las luces estaban apagadas, pero la habitación estaba parcialmente iluminada por el televisor, que estaba encendido, y por le pequeño árbol navideño decorado de la esquina que titilaba con la melodía de Jingle bells.
"Queremos retomar una historia que, aunque ocurrió hace un par de meses, sigue generando más preguntas que respuestas en la comunidad científica. Recordarán ustedes el evento en el Gran Colisionador de Partículas, en el norte de Suiza.
En aquel momento, informamos sobre el logro de lo que los investigadores denominaron un "agujero de gusano transitorio": una diminuta, y breve, fisura en el tejido del espacio. El suceso duró apenas siete segundos, concluyendo con una sobrecarga del sistema."
Era Mary Brown en Buenas Tardes Boulder, el noticiero de las 6, algo que por lo general no le llamaba la atención a Ashley.
" Según el informe inicial emitido por el equipo de investigadores, la brecha se mantuvo abierta por escasos siete segundos antes de que el sistema sufriera una sobrecarga que forzó su apagado inmediato. Durante ese breve lapso, los instrumentos registraron una fluctuación masiva en el campo gravitatorio, así como la aparición de partículas que no coinciden con ninguna conocida en nuestro mundo. No ha habido ningún comunicado de parte de la Organización Intergubernamental para la Investigación Avanzada, desde entonces"."
—¡No, mamá!
Aquel grito que venía de la cocina, sacó a Elena de la concentración en la nota.
—Elena y yo, ya lo decidimos, vamos a pasar la Navidad con su familia en México y no vamos a cambiar nuestro planes.
Era Claire, la novia de Elena, su tono era una mezcla de firmeza y frustración. Elena apagó el televisor y camino por el pasillo, hasta apoyar la espalda contra la pared que daba a la cocina.
—Esto no es solo por Elena —continuó — También es importante para mí, llevo cuatro años con ella, y jamás he visto a su familia en persona, quisiera conocerlos.
No se podían escuchar las palabras exactas de la madre de Claire, pero el tono de desaprobación y reproche era inconfundible. Un sermón lleno de las mismas críticas de siempre.
—Se que Navidad es importante para la familia Wilson, pero es la única fecha en que puedo viajar —respondió, su voz subiendo de tono —Hemos estado en tu casa cada Navidad. Este año será diferente, mamá.
El murmullo furioso de la madre de la madre se escuchaba más fuerte, mientras que Ashley hacia respiraciones para tratar de mantener la calma.
Elena podía imaginar la expresión de Claire, el ceño fruncido y la los labios apretados, la misma expresión que pone siempre que defiende algo que realmente le importa. Tragó saliva, sintiendo un nudo en la garganta. Chelsea, la madre de Claire siempre había sido bastante conservadora y controladora con su familia, el día en que fue presentada con los demás, para una Navidad, se dio cuenta que no sería bien recibida por parte de ella.
—¡¿Sabes qué?! —gritó —¡Vete al diablo!
Claire dio un grito ahogado y azotó el celular contra la mesa, lo que generó un fuerte crujido.
—¡Lo que me faltaba! —su voz a punto de romperse.
—¡Coo! ¡Coo! —Elena hizo una pobre imitación de una paloma.
Claire suspiró.
—¿Cuanto escuchaste? —preguntó como un susurro melancólico.
Elena atravesó la puerta de la cocina y la vio, Claire estaba sentada con los codos en la mesa y sujetando su rubia cabellera con mucha frustración, sus irritados ojos azules, estaban al borde de las lágrimas.
—Lo suficiente —respondió con suavidad —¿Estás bien?
Claire asintió despacio, mientras se limpiaba los ojos con el antebrazo de su suéter.
—Lo siento —murmuró —No quería que escucharas eso, que pensaras que me causarás un problema con mi familia y eso te hiciera cambiar los planes.
Elena dejó la bolsa de compras sobre la meseta de la cocina y se sentó frente a Claire.
—Cariño, yo he sido un problema para tu familia desde que empezamos a salir, ¿Qué diferencia sería el que escuchara esto? —dijo con un tono burlón.
Claire soltó una risa amarga.
—El viaje seguirá como lo planeamos —dijo Elena con firmeza —Quizás la Navidad con mi familia no sea tan tradicional como con los Wilson, pero te aseguro que te divertirás mucho.
Claire se inclinó hacia ella y la abrazó con fuerza.
—Muchas gracias por siempre ser tan linda conmigo, y por amarme tanto.
Elena sonrió y besó su frente.
—Cual gracias, son 10 dólares.
Claire se echó a reír, mostrando aquellos hoyuelos que tanto fascinaban a Elena.
—Por cierto ¿qué hay de la cena? —preguntó Elena.
Claire se levantó de la mesa, caminó con paso ligero hacia el horno y lo abrió. Una densa bocanada de humo negro escapó, llenando la cocina con un olor amargo.
—La quemé —dijo con una mezcla de resignación y humor —No culparé a mi mamá, porque fue antes de que ella llamara. La verdad me quedé viendo una serie y lo olvidé.
Elena levantó una ceja divertida, sacó dos paquetes de lasagna para microondas de la bolsa de compras y una botella de sidra de manzana.
—Imaginé que algo así podría pasar —dijo colocando los paquetes en la meseta —Venía preparada.
Claire puso las manos en su cintura, fingiendo mucha indignación.
—¿De verdad tan poca fe, tienes en mí? —dijo alzando la barbilla con aire dramático —¡Algún día te voy a sorprender!
Elena se inclinó hacia ella con una sonrisa traviesa —Lo espero con ansias, baby.
Bip, bip, bip
El microondas sonó, y el aroma de la lasaña instantánea inundó la cocina, Elena sirvió grandes porciones en platos de plástico, que desentonaban con las finas copas de vidrio que puso Claire.
Con un sonoro pop el corcho de la botella salió disparado, Elena sirvió la sidra y Claire encendió unas velas aromáticas de manzana-canela, perfectas para la temporada. Apagaron las luces, y se sumieron en el ambiente perfecto, íntimo y mágico.
—¡Hay que brindar! —Elena se puso de pie, haciendo sonar la copa con su tenedor —Porque hoy, hace cuatro años, tuve el valor de confesarme a esta bella mujer.
Claire levantó su copa también, pero arqueó una ceja con un gesto desafiante.
—¿Disculpa? ¡Yo fui la que se confesó primero!
Elena se encogió de hombros.
—Detalles —respondió con una sonrisa juguetona —lo importante es que estamos juntas ¡Salud!
Chocaron las copas con un suave tintineo, y ambas se sentaron para disfrutar de la cena. Elena era muy desordenada al comer, con mucho apetito, mientras Claire tomaba bocados pequeños y pausados, su mirada se detenía por momentos a contemplar el rostro de su pareja iluminado por las velas.
—Eli —murmuró — ¿No extrañas tu hogar?
Elena tomó una servilleta y limpió su rostro que estaba cubierto en salsa de tomate, se tomó un momento para procesar la pregunta, tomó un sorbo de sidra y fijó su mirada.
—¿Mi casa en Toluca? —dijo finalmente, su voz teñida de nostalgia — A veces, sí. Las cosas son bastante diferentes aquí. Pero mi hogar ahora es donde estés tú, así que sea aquí en Boulder, en San Francisco o en Disneyland.
Claire soltó una carcajada suave, cubriéndose la boca de forma delicada.
—Otra vez con Disneyland — sacudió su cabeza —Te prometo que este año que viene sí iremos.
—¡Excelente! —murmuró y siguió comiendo.
Lasaña de microondas y Sidra barata: no era, ni de lejos, el banquete que uno imaginaría para un aniversario. Elena ya había comido aquel plato predominado decenas de veces, pero esa noche, el sabor resultaba extrañamente exquisito.
El tintineo de los cubiertos de Claire cesó. Elena levantó la vista y la encontró allí, observándola. Claire se había reclinado sobre la mesa, apoyando el codo y dejando descansar la barbilla en la palma de su mano. No decía nada, simplemente la miraba, como si estuviera memorizando cada uno de sus gestos, cada pequeño detalle. Era esa mirada risueña, cargada de una devoción silenciosa, la que años atrás la había cautivado por completo.
Rompiendo el hechizo, Claire se puso de pie. Con movimientos casi ceremoniosos caminó hacia el refrigerador y regresó con un tesoro: una rebanada de pastel Selva Nara que colocó frente a Elena.
—A mí me tocaba el postre —murmuró Claire con una sonrisa tímida —y sé que este es tu criptonita.
La alegría inicial de Elena se tiñó de una sombra de culpa —Pero...tú no puedes... —empezó a decir.
—No te preocupes, cómelo sin culpa —la interrumpió Claire con una chispa de travesura en los ojos — Yo ya cumplí con mi parte: compré un cheesecake sin azúcar, pero me ganó el antojo y me lo comí mientras quemaba la cena.
Una carcajada larga y jocosa escapó de Elena, estiró la mano sobre la mesa y atrapó la de Claire, apretándola con fuerza.
—Gracias —susurró, con la voz suave, casi como una plegaria —No solo por el pastel, sino por todo.
Terminaba la cena, el ambiente se llenó de una calma doméstica y reconfortante. Elena se quedó observando a Claire, quien estaba sumergida en su propio mundo, lavando los platos mientras tarareaba en voz baja el último éxito de Taylor. A la espera que terminara, Claire dejó que su pulgar se deslizara rítmicamente por la pantalla del móvil, saltando de un video a otro con una indiferencia absoluta.
—¿Hmm? —Elena frunció el ceño, mientras su pulgar seguía deslizándose sin pausa.
—¿Ocurre algo?
—Se están poniendo de moda unas mangas para los brazos... —respondió con un tono entre desagrado e incredulidad —y, honestamente, son horribles, mira esto.
Giró el celular hacia Claire y reprodujo un video. En la pantalla, una influencer gesticulaba con un entusiasmo casi eléctrico:
"¡Poniendo a prueba las nuevas mangas que están arrasando en las redes! Estas son de una nueva marca europea llamada Romero, y ya son un fenómeno mundial. Celebridades como: Britney, Bruno, Liam, Taylor, Brendon... incluso a artistas del otro lado del mundo como Lisa, Suga, Yoo ¡Esto es un fenómeno! No solo como complemento para los eventos y las galas, también se les ha visto usarlas en su vida cotidiana"
—¿Dijo Lisa? ¿Y Taylor? — Claire cerró el grifo y se acercó, secándose las manos en el paño, picada por la curiosidad.
" Estas mangas ayudan a mejorar la circulación al ejercer presión en puntos clave. También reducen la tensión muscular. Además, están hechas de una micro fibra sintética súper resistente, similar al kevlar. Así que no solo son saludables, ¡también ofrecen protección!"
Para demostrarlo, la influencer atacó la tela con un cuchillo de cocina y luego con una navaja militar. Las mangas salieron ilesas, sin un solo rasguño.
—Bueno...—Elena resopló, bloqueando el móvil —son espantosas, pero supongo que pueden ser útiles para alguien. Lo que no entiendo es cómo algo tan feo se vuelve tendencia solo porque unos famosos las usen en una alfombra roja.
El silencio que siguió fue solo interrumpido por el rápido tap-tap de los dedos de Claire sobre su propio teléfono. Elena giró la cabeza para ver a Claire con ojos incrédulos y derrotados.
—¿Qué... estás... haciendo?
—Están agotadas en todos lados —murmuró Claire, sin despegar la vista del brillo del teléfono —pero... las que usa Taylor son las lavandas. Ya dejé mi correo en la lista de espera para cuando repongan el stock.
Elena parpadeó, procesando la traición.
—Serás...
El celular de Elena se iluminó, una llamada entrante, en la pantalla el nombre Margarita brillaba al compas de la vibración del celular.
—¡Hola má! —Elena contestó de inmediato con mucha energía—¡Estás en altavoz, por cierto!
—¡Hola, mi niña! ¿Cómo están? ¿Cómo está Clarita? —La voz de Margarita salió disparada por el altavoz, cargada de una ansiedad cariñosa — ¿Ya están listas? ¿Consiguieron boletos?
Elena se rascó la nuca, bastante nerviosa.
—Pues... verás má...
—Ay, no me digas que lo dejaste para el último —intervino Margarita con un tono decepcionado —Tenía tantas ganas de conocer por fin a Clarita en persona.
—¡Mamá, no lo dejé de último! — Elena se apresuró a defenderse —pero los boletos están imposibles de conseguir por la temporada, ni camión, ni avión, nada...
—¡Sí lo dejó de último señora! —soltó Claire con una risita burlona.
Elena le lanzó una mirada asesina, abriendo mucho los ojos en una muda promesa de venganza, pero Claire solo le lanzó un beso.
—No hija, no me lo tienes que decir, ya me lo imaginaba —suspiró Margarita con resignación. —por cierto ¡tu español se escucha mucho mejor!
—¡Gracias! —respondió Claire con orgullo y un acento más pulido —He estado practicando mucho.
—¡Lo que iba a decir! —Interrumpió Elena con fuerza —es que mañana recojo la camioneta del taller. Manejaremos hasta allá y llegaremos antes de Navidad, te lo prometo.
La línea quedó en silencio. Elena casi podia imaginar a su madre cruzándose de brazos al otro lado del teléfono.
—Hija ¿No es muy arriesgado?—la voz de Margarita era de preocupación materna —Es mucho tiempo al volante, y las noticias dicen que vienen nevadas.
—Estaremos bien, má —aseguró Elena, suavizando el tono —todo saldrá bien, no te preocupes.
—Sé que no importa lo que te diga, cuando te pones así de terca, no hay quien te baje del burro —suspiró Margarita, finalmente rendida —Pero, por favor ten mucho cuidado. Cuida de Clarita ¿me oyes? Manténgame informada.
La llamada terminó con un "te quiero" apresurado. Elena dejó escapar un suspiro mientras bloqueaba su celular.
—Tú mamá siempre tan encantadora —Comentó Claire —me hace mucha ilusión conocerla en persona por fin.
—Y a ella a ti —Elena estiró su cuerpo y dejó escapar un bostezo —Es mejor que descansemos, porque mañana nos espera un largo viaje.
Claire la observó con una mirada entre divertida e incrédula.
—¿Descansar? —Claire arqueó una ceja, lanzando una sonrisa provocativa —Es nuestro aniversario Eli. Yo no estoy lista para dormir.
El rostro de Elena se encendió, sus ojos traicioneros bajaron por instinto hacia el escote de Claire, antes de volver a encontrarse con su mirada desafiante.
—Bueno... yo... —Elena balbuceó, sintiendo que le faltaba el aire —Tal vez podríamos...
Claire se puso en pie con una elegancia felina. Al pasar por el umbral de la cocina, se detuvo y se apoyó contra el marco de la puerta, girándose lo justo para lanzarle un guiño que terminó de desarmar a Elena.
—Te espero en la habitación entonces —susurró casi como un ronroneo, antes de desaparecer en el pasillo.
Elena se quedó paralizada un segundo, con el corazón golpeando con fuerza entre sus costillas, lo sentía retumbar en sus oídos. Se apresuró a apagar las velas con manos temblorosas, moviéndose con una urgencia por el pasillo, tropezando un par de veces.
Al entrar a la habitación, encontró una puesta de escena perfecta, decenas de pequeñas velas eléctricas bañaban las paredes con una luz ámbar, mientras pétalos de rosa alfombraban el camino hacia la cama. Allí recostada con una confianza que Elena no le conocía, estaba Claire. Lucia un conjunto de lencería de encaje rosa que resaltaba cada curva de su figura, una visión sensual que la oscuridad parcial volvía casi irreal. Era una trampa, una meticulosamente preparada, y Elena acaba de caer de lleno en ella.
—Te dije que, algún día te iba a sorprender —murmuró Claire con una voz sensual y una risilla traviesa.
El frió de la noche se quedó afuera, Elena se despojó de su ropa con una torpeza impropia de ella, sintiéndose de pronto como una novata en su primera vez. La asertividad de Claire, ese aura casi depredadora que emanaba de su mirada fija y serena, la desarmaba por completo.
Sin embargo, en cuanto sus pieles se rozaron bajo las sábanas, la ferocidad se transformó en una entrega pausada y profunda. Elena se perdió en el aroma de piel de Claire, en la suavidad de sus manos buscándola con una familiaridad que nunca dejaba de emocionarla. Cada caricia, cada beso en cualquier parte del cuerpo era como una declaración silenciosa, una forma de decir "eres mía" Los suspiros flotaron en el aire, entrelazándose con el roce de sus cuerpos.
Fue un encuentro que tuvo tanto de deseo como de ternura, una danza de piel contra piel donde cada beso estaba lleno de calidez, con un toque de posesión, pero sobre todo se sentía como estar en el hogar, el lugar al que Elena siempre quería volver. La noche transcurrió entre latidos, consumiéndose entre el eco de sus respiraciones pesadas.
A medida que las horas avanzaban, el cansancio fue ganando la batalla, hasta dejarlas fundidas en un solo abrazo. Con los sentidos adormecidos y los párpados pesándole como el plomo, Elena sintió un último roce cálido: un beso sobre su pecho. Antes de que el sueño la reclamara por completo, alcanzó a ver los labios de Claire en la penumbra:
—Feliz aniversario, mi amor.
y entonces, el mundo desapareció.