Acero y Terciopelo.

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Summary

​Joseph Valls llega a la Costa Amalfitana para la inauguración de su joya de la corona: el Palazzo Valls. Tras años de ocultar su orientación sexual para proteger las acciones de su empresa y la imagen de "soltero de oro" en mercados conservadores como los Emiratos Árabes, Joseph cree tener todo bajo control. ​Sin embargo, el terreno donde se alza el hotel pertenece a una zona de influencia histórica de la familia Moretti. Dante Moretti no quiere dinero; quiere el control logístico que los hoteles de lujo le pueden brindar para sus operaciones. Lo que comienza como una extorsión violenta se convierte en un juego de poder cuando Dante descubre que el frío y perfecto empresario esconde un fuego idéntico al suyo.

Status
Ongoing
Chapters
27
Rating
n/a
Age Rating
18+

Chapter 1: La Jaula de Mármol


El jet privado de la corporación Valls descendió sobre el aeropuerto de Nápoles con la precisión quirúrgica que Joseph exigía en cada aspecto de su vida. Sentado en la cabina de cuero, cerró su computadora portátil. A sus treinta y ocho años, su reflejo en la ventanilla le devolvía la imagen de un hombre que había conquistado el mundo, o al menos, la parte del mundo que se podía comprar con hoteles de cinco estrellas.

Se puso de pie, estirando su metro ochenta y cinco de estatura. El traje de tres piezas, de un azul medianoche casi negro, se ajustaba a su cuerpo atlético y delgado con una perfección que solo el Bespoke londinense podía lograr. Al pasar frente al espejo del vestíbulo del avión, se pasó una mano por el cabello castaño, siempre impecable, y observó sus propios ojos verdes. Eran fríos, calculadores; la mirada de un hombre que dominaba mercados en Madrid, Dubái y Miami, pero que guardaba su verdadera esencia bajo siete llaves de acero.

—Bienvenido a Italia, señor Valls —anunció el capitán.

Joseph asintió con un gesto seco. Al bajar por la escalerilla, el aire cálido y salino de la costa mediterránea le golpeó el rostro. Su nariz respingada captó el aroma a jazmín y combustible, una mezcla que para él significaba negocio. Una limusina negra lo esperaba para llevarlo a la joya de su corona: el **Palazzo Valls**.

El trayecto hacia la Costa Amalfitana fue un desfile de acantilados imposibles y aguas color turquesa, pero Joseph apenas miró el paisaje. Estaba repasando mentalmente los estados financieros de la apertura. Al llegar al hotel, incluso él tuvo que admitir que la propiedad era sublime. Un antiguo palacio del siglo XVIII restaurado con mármol de Carrara, cristales de Murano y tecnología de punta.

En la escalinata principal, un hombre lo esperaba con una sonrisa que no llegaba a sus ojos. Era **Enzo Moretti**, el gerente que él había heredado de la administración anterior por "recomendación" de las autoridades locales.

—¡Benvenuto, signore Valls! —exclamó Enzo, extendiendo una mano sudorosa—. Es un honor recibir finalmente al arquitecto de este imperio.

Joseph le estrechó la mano con firmeza, notando la mandíbula cuadrada y el aire de rudeza mal disimulada del hombre. Había algo en Enzo que no encajaba con la etiqueta de un hotel de lujo; caminaba con una confianza pesada, casi matonesca.

—Espero que todo esté listo para la gala de mañana, Enzo —dijo Joseph mientras caminaban por el vestíbulo monumental—. Mi reputación en España y los Emiratos depende de que este Palazzo sea impecable. Nada de errores. Soy un hombre exigente.

—Oh, lo sabemos, señor Valls. Sabemos exactamente lo exigente que es —Enzo sonrió de lado, guiándolo hacia una oficina privada en el ala este—. De hecho, hay ciertos... "socios locales" que están muy interesados en su modelo de eficiencia. Especialmente en cómo movemos los capitales entre sus sedes internacionales.

Joseph se detuvo en seco, sus ojos verdes se entrecerraron.

—¿Socios? Este hotel es propiedad exclusiva de Valls Enterprises. No acepto inversores externos sin una auditoría previa.

Enzo cerró la puerta de la oficina tras ellos. El ambiente cambió instantáneamente. La cortesía del gerente se evaporó, dejando paso a una arrogancia gélida.

—Mire, Valls. Usted es un hombre de negocios, un experto en Comercio Internacional. Sabe que para que un hotel de este calibre funcione en este territorio sin "accidentes", se necesita protección. Mi primo, Dante Moretti, es un gran admirador de su estructura financiera. Él cree que el Palazzo Valls es el conducto perfecto para limpiar ciertos activos que... bueno, necesitan un nombre respetable.

Joseph sintió una punzada de adrenalina en la base de la nuca. Aquello no era una propuesta; era una sentencia de extorsión. El lavado de dinero destruiría su carrera, sus licencias en Florida y, sobre todo, atraería una lupa sobre su vida privada que no podía permitirse.

—¿Me está diciendo que pretenden usar mi hotel para lavar dinero de la mafia? —preguntó, su voz baja y peligrosamente calmada.

—Pretendemos ser socios, señor Valls —corrigió Enzo con una risita—. Mi primo vendrá mañana a la inauguración. Él no es tan... paciente como yo. Le sugiero que para cuando él llegue, usted haya aceptado que en Italia, el dueño del hotel pone las camas, pero los Moretti ponemos las reglas.

Joseph se acercó a Enzo, aprovechando su altura para intimidarlo. Su mandíbula perfilada estaba tensa.

—Dígale a su primo que he lidiado con tiburones en Dubái y con buitres en Wall Street. No me asusto fácilmente.

Enzo se limitó a encogerse de hombros, caminando hacia la puerta.

—Ellos son hombres de negocios, Valls. Dante... Dante es otra cosa. Mañana lo verá. Intente descansar. Necesitará todas sus fuerzas para lo que se le viene encima.

Cuando la puerta se cerró, se dejó caer en la silla de cuero. Se aflojó la corbata con dedos temblorosos. El secreto de su identidad sexual, ese que cuidaba con tanto celo para no perder su estatus en los mercados árabes, parecía ahora un problema menor comparado con la sombra de los Moretti. Sin embargo, no sabía que el peligro real no era el dinero, sino el hombre robusto y de ojos oscuros que ya estaba planeando cómo romper su armadura de hielo.