Chapter 1
Eran ya las 2 de la mañana y Naiel no podía dormir, así que estaba en el balcón de su penthouse. El viento movía su largo cabello rubio ondulado hasta la cintura. Ella siempre se ha sentido superior por ser rubia, el tono perfecto color perla, pero eso no ha sido suficiente, ya que él siempre ha estado enamorado del color castaño de la insipidez y vejez de su hermana. ¿Qué tiene ella? Nada bueno: es de baja estatura, tiene ojos comunes marrones, mientras que Naiel tiene ojos azules cristalinos y piel de porcelana. Gema tiene la piel canela heredada de nuestra madre; Naiel agradece no haber nacido negra. Por último, siempre se ha dedicado a cuidar su cuerpo con pilates y ejercicio; por eso, con su estatura de 1.76 sobre la de su hermana de 1.62, su cuerpo es delgado, esbelto, con senos grandes, redondos y firmes para su contextura delgada, cintura pequeña, glúteos firmes y redondos, es nalgona, piernas esbeltas. Pero su hermana es una basura, nada más, y aun así obtuvo al mejor esposo. La vida no es justa.
Siempre he tenido todo: las mejores notas en la mejor universidad, por eso soy traductora en una prestigiosa empresa naviera. Claro, eso no hace falta; papá es multimillonario, es dueño de una cadena de hoteles lujosos y exclusivos.
El teléfono de Naiel sonó. Era Rebecca.
—Dime qué quieres. Son las dos de la mañana; a menos que te estés muriendo, entendería que me llames a esta hora —dijo Naiel.
Rebecca le contestó:
—Eres una amargada, pero tan dormida no estabas, para que me contestaras. Pero bueno, quería decirte que tu querida hermana me llamó hace unas horas para decirme que está por celebrar, pues su aniversario, y que desea hacerlo, pero contratar el servicio de mi madre, ya sabes.
Naiel suspiró.
—Entiendo. Bueno, hablamos después.
Naiel cerró la llamada antes de que Rebecca dijera algo más sobre esa cucaracha. Ya es hora de dormir; mañana tiene una sesión de fotos para una de sus marcas favoritas, Dior, algo que solo su belleza lograba.
El sonido del despertador la terminó de levantar. Ya son las 7 de la mañana; por suerte es sábado. Las mucamas entraron para arreglar el cuarto y prepararle la ropa y el baño a la señorita Dorovsinleks. Naiel miraba con asco a las dos empleadas negras que la ayudarían en el baño; siempre le dan los masajes relajantes Margareth y Dinara. Naiel preguntó por ellas y le contestaron que ellas están ocupadas planchando y preparando el desayuno. Naiel estaba irritada, pero aceptó a regañadientes.








