Cap 1: en inicio de algo nuevo
Hola a todos ustedes, los usuarios de Inkitt. Bueno, soy nuevo en esta plataforma. Anteriormente, publiqué este mismo fanfic en Wattpad; actualmente, este capítulo es un remake del anterior y, bueno, habrá inconsistencias de estilo de diálogo entre capítulos
Otra cosa. Quiero que tengan en cuenta que habrá escenas de sexo, pero eso es para un capítulo exacto que todavía no he escrito; es normal, ya que no me centraré solo en eso
Bueno, ya con esto aclarado, pueden leer tranquilos
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Un niño de cabello rubio y desordenado permanecía de pie en mitad del cementerio. Frente a él se alzaba una tosca cruz de madera que marcaba la tumba de su padre. El pequeño observaba el trozo de tierra con una frialdad absoluta
No había lágrimas, ni dolor, ni un solo rastro de tristeza. Pero no se trataba de un entumecimiento por el trauma; la realidad era más profunda: Denji había nacido sin sentimientos. Desde el día en que llegó al mundo, su pecho había sido un espacio completamente vacío, incapaz de experimentar afecto, pena o cualquier emoción humana. Por eso, contemplar los restos del hombre que le había hecho la vida un infierno no le provocaba absolutamente nada
Para Denji, el concepto de “familia” era solo una palabra vacía. Las tristes excusas de padres que le habían tocado en suerte jamás pudieron enseñarle lo que era el amor, porque ellos mismos eran puro veneno
Su madre lo había odiado con cada fibra de su ser. Denji no recordaba una sola palabra de ella que no fuera una maldición cargada de desprecio:“Eres una carga”, le escupía siempre con rabia. “Eres lo peor que me ha pasado en la vida. Una escoria, una maldita basura que debí haber abortado el mismo día en que me enteré de que estaba embarazada. ¡Nunca te quise!”Aquellas palabras no lograban herir el corazón de Denji, porque no tenía uno que pudiera romperse, pero los golpes físicos sí que dejaban marca
Su madre lo usaba como un saco de boxeo cada vez que estaba furiosa. Su padre la maltrataba y la golpeaba a ella todo el día, obligándola a estar juntos por la fuerza; por eso, cuando el hombre se marchaba, ella descargaba toda su frustración contra Denji, pegándole de forma salvaje y sin motivo alguno. Al final, Denji terminó viéndola como una completa extraña. Para él, solo era la mujer idiota que lo había traído al mundo y ya está. Una mujer de la que solo conoció la ira, el enojo y el odio más puro
Ella murió cuando Denji tenía apenas cuatro años, víctima de una enfermedad grave que empeoró tras otra noche de abusos por parte de su padre. Cuando el cuerpo de la mujer finalmente cedió, Denji la contempló sin una sola emoción, buena o mala. Lo único que experimentó fue una vaga sensación de tranquilidad práctica: al menos, ella ya no volvería a molestarlo con sus golpes.Sin embargo, el verdadero monstruo de la casa era su padre
Aquel hombre descargaba su brutalidad contra Denji por el simple hecho de verlo ahí, existiendo. Vivía completamente alcoholizado, desprendiendo un olor penetrante a licor barato
Además, era un jugador compulsivo que apostaba todo el dinero que caía en sus manos. Debido a su egoísmo, en esa casa nunca había comida. Mientras que una persona normal hacía tres comidas al día, Denji pasaba hasta uno o dos días enteros sin probar bocado. Con suerte, si su padre estaba de buenas, le permitía comer una o dos rebanadas de pan rancio al día.
De su padre solo recibió palizas diarias e insultos brutales. El hombre tenía mucha más fuerza que su madre y solía utilizar cualquier objeto que tuviera a mano para lastimarlo.
Cuando la mujer falleció, el maltrato físico se volvió constante. A Denji no le dolían los insultos, pero los golpes eran variados y dolorosos. Aun así, los soportaba con la misma mirada vacía con la que había nacido.
Por supuesto, su padre jamás se preocupó por inscribirlo en una escuela. Denji no sabía lo que era tener amigos, ni cómo era el mundo exterior, pues vivían encerrados en una choza diminuta donde apenas cabían tres personas.
Lo único que logró aprender fue a leer y a escribir de forma clandestina: en una ocasión, se había escondido cerca de una escuela y, observando en secreto a través de la ventana, memorizó las letras y los sonidos que el profesor explicaba. Esa era toda su educación. Su situación no le permitía aspirar a nada más.
El punto de quiebre llegó un año después, cuando Denji cumplió los cinco años.
Una noche, su padre entró en la habitación completamente fuera de sí. Llevaba una botella de alcohol en la mano y, por la mirada asesina que tenía en los ojos, Denji supo de inmediato que esta vez quería matarlo.
—¡Malnacido! —bramó el hombre con la voz pastosa y llena de odio—. ¡Eres una maldita piedra en mi camino, hijo de puta! ¡El peor error de mi vida! No sé ni por qué te dejé nacer... ¡Eres un bastardo que nunca debió existir!
Denji intentó levantarse del frío suelo de la casa, pero su pequeño cuerpo no respondió. Estaba completamente aturdido y debilitado por los primeros golpes que ya había recibido. Lo único que pudo hacer fue clavar la mirada en su agresor.
El hombre, ciego de ira, estrelló la botella contra la pared, rompiéndola y quedándose con el cuello afilado del vidrio. Se abalanzó sobre el niño, decidido a clavarle el cristal directamente en el cuello.
En un milisegundo de pura supervivencia, Denji reaccionó. Movió la cabeza hacia un lado justo a tiempo; el vidrio roto pasó rozando su mejilla y se clavó en el suelo. Aprovechando que el hombre estaba encima de él, Denji lanzó una patada con todas sus fuerzas directo a la entrepierna de su padre.
El hombre soltó un alarido de puro dolor y se retorció, llevando instintivamente ambas manos a su entrepierna. Denji no lo pensó dos veces: estiró el brazo, aferró con fuerza la botella rota y, con un movimiento rápido y certero, le cortó el cuello.
El cuerpo pesado de su padre se desplomó sobre él. Con una frialdad gélida, Denji lo empujó hacia un lado, dejándolo sangrar sobre las tablas del suelo hasta que exhaló su último suspiro. Sabía perfectamente que lo que acababa de hacer era un homicidio, pero no le importaba en lo absoluto. Lo contempló con una mirada muerta. Era una escena asquerosa, pero era la vida de su padre o la suya.
Tuvo la suerte de que la casa estaba aislada y nadie se dio cuenta de lo sucedido. Como el cementerio estaba muy cerca, Denji arrastró el cadáver tomándolo de los brazos. Le costó muchísimo esfuerzo debido a su corta edad y a su desnutrición, pero logró llevarlo hasta el terreno sagrado, justo al lado de la tumba de su madre.
Por fortuna, encontró una pala olvidada. Con las fuerzas que le quedaban, cavó un foso profundo, metió el cuerpo en una vieja caja de madera que encontró por ahí, le puso la tapa y lo enterró bajo la tierra, colocándole una cruz de madera encima. Hizo todo el proceso sin sentir una sola pizca de culpa. No teníasentimientos por nadie en este mundo.
[Tiempo Actual]
Denji, ahora un poco más grande, mantenía sus ojos color miel ámbar, con sutiles matices rojizos, fijos en las tumbas de las dos personas que debieron protegerlo. A pesar de la desnutrición y el abandono, el niño tenía facciones bien parecidas, una mezcla perfecta entre los rasgos de su padre y de su madre; sin embargo, la falta absoluta de higiene, la suciedad incrustada en su piel pálida y un cuerpo tan delgado que dejaba ver sus huesos hacían que luciera demacrado. Había sido un auténtico milagro que su pequeño cuerpo resistiera el esfuerzo de enterrar a su padre. Estaba exhausto, vacío y no sabía qué rumbo tomaría su vida a partir de ese momento. Ya no tenía nada.
De repente, el rugido de un motor rompió el silencio del cementerio. Un auto negro de cristales tintados se detuvo a pocos metros.
Al ver quién bajaba, Denji no se sorprendió. Era el prestamista yakuza al que su padre solía pedirle dinero para sus apuestas. El hombre siempre iba a la casa a buscarlo, y Denji ya sabía perfectamente a qué venía: a cobrar la deuda acumulada. El niño se mantuvo firme, prestando atención a sus palabras.
—Oye, mocoso —dijo el viejo yakuza con tono amenazante—. Tu padre tenía una deuda enorme conmigo, y ahora te toca a ti pagarla. Si no quieres morir mañana mismo, quiero el dinero. Son trescientos mil yenes. ¿Me has escuchado bien, mocoso?
—Sí, lo are. Te pagaré el dinero —respondió Denji con una voz alarmantemente fría.
—De acuerdo. Más te vale tenerlo listo —replicó el yakuza antes de dar la vuelta, subir a su auto y marcharse del lugar.
Denji se quedó mirando cómo el vehículo se alejaba, sintiendo una ligera molestia. Ahora tenía que cargar con la maldita deuda que ese maldito infeliz le había dejado, y no tenía ni una sola moneda en los bolsillos. ¿Cómo se suponía que un niño conseguiría semejante cantidad de dinero?Cuando se dispuso a abandonar el cementerio, un sonido extraño lo obligó a detenerse. Era un ruido mecánico, similar al de una motosierra vieja intentando arrancar.
Denji se giró lentamente y vio a una criatura de aspecto singular. Parecía un pequeño demonio con forma de perro, de un brillante color naranja. Lo más llamativo era que tenía una hoja de motosierra sobresaliendo directamente de su rostro y una pequeña cuerda como cola en la parte trasera. El pequeño demonio estaba herido; la sangre que goteaba de su cuerpo era una clara señal de que acababa de escapar de una pelea.A pesar de tener a un demonio enfrente, Denji no se inmutó; él no conocía el miedo. Se acercó con pasos tranquilos.
Al notar su presencia, la criatura retrocedió varios palmos, gruñendo débilmente, pero Denji se fijó bien en sus ojos. La mirada del demonio reflejaba un cansancio absoluto, una falta total de deseos de seguir viviendo. Era una réplica exacta de la mirada muerta de Denji, solo que al demonio aún le quedaba una pizca de vulnerabilidad.Denji comprendió que, en el fondo, ambos estaban igual de desamparados. Decidió hablarle, y al hacerlo, la tremenda frialdad de sus ojos disminuyó un poco, volviéndose extrañamente apacible.
—Veo que ya no tienes deseos de vivir... igual que yo —dijo Denji con tranquilidad.
(Fin de capitulo 1 )
Muchas gracias por leer este fragmento del capítulo 1.
Gracias por leer, hasta el final.








